Libros de Ficción

Aerth Muund 1x01: Encuentro, 1a Parte

por JL Iglesias Feria

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Cuando Mith llegó al local que dirigía, acompañado de algunos de sus técnicos, no tuvo que ver los numerosos cuerpos tendidos o los destrozos en el mobiliario para saber que la situación era tremendamente delicada. Su asistente, Sloo, se había puesto en contacto con él unos minutos antes y ya en su tono de voz se apreciaba que había ocurrido algo bastante grave.

Sloo había recibido una comunicación de emergencia desde el local en medio de la noche, avisándolo de que estaban bajo algún tipo de ataque. Hizo un par de conexiones para dar órdenes de que reunieran a un grupo de asalto y se dirigió al centro de control. Allí le informaron de que las comunicaciones con el recinto se habían cortado y hasta el momento no habían logrado restablecerlas. Además, algo o alguien estaba asaltando los sistemas informáticos y en ese momento los técnicos estaban intentando localizar el origen del ataque. Uno de sus ayudantes le avisó de que el grupo de asalto había llegado. Cuando se reunió con ellos ya estaban preparados y esperando dentro de los vehículos. Se montó en uno de ellos y se pusieron en marcha.

Poco tiempo después llegaron al local. Lo que se encontraron fue un auténtico campo de batalla. Uno de los guardias supervivientes les informó de que los bibots se habían vuelto agresivos de pronto y los habían atacado. Eran bastantes, ya que muchas de las partes del negocio estaban automatizadas. Habían logrado derribar a unos cuantos y luego habían decidido aislar la zona bloqueando las puertas de acceso. Sloo se dirigió a la zona de administración del local para coordinar el contraataque. En varios de los puestos había técnicos de combate cibernético conectados. Tenían colocados sus cascos de percepción aumentada y varias conexiones de cables a lo largo de la espina dorsal. Lo primero que preguntó al coordinador de vigilancia fue si había alguna clienta en el local en el momento del incidente. Este le informó de que, no sólo efectivamente se encontraba una clienta en el recinto, sino que un instante antes de que los bibots se volvieran locos la propia clienta lo había hecho también y había atacado a su acompañante y a los guardias que la intentaron reducir. Después, se había producido el ataque de los bibots y no estaba muy claro lo que había acontecido a continuación, porque los técnicos que vigilaban en ese momento la red del local habían sufrido algún tipo de ataque vírico que había destrozado sus defensas cerebrales. Sloo giró la cabeza y vio sus cuerpos tendidos en un rincón.

–Hemos logrado introducir algunos thebots dentro de la zona afectada a través de los conductos de ventilación –siguió informando el coordinador–, ya que los sistemas audiovisuales fueron inutilizados y las conexiones por radiofrecuencia bloqueadas.

Sloo miró hacia el técnico que tenía conectado un dispositivo en la sien del que salían varios finos hilos blanquecinos de fibra. Al final de estos estaban los thebots, pequeños bots de apenas unos milímetros y que estarían transmitiendo información a la entina del técnico que, a su vez, la estaría tratando con ayuda de inteligencias para retransmitirla al sistema.

–Varios de los thebots ya se han conectado a la entina del cerebro de algunos de los caídos para obtener información –siguió informando el coordinador a Sloo.

–Primero me gustaría ver la situación ahí dentro –puntualizó Sloo–. ¿Tenemos recepción audiovisual?

El coordinador asintió. Sloo se dirigió hasta una serie de casilleros que había en la pared. Allí pulsó una secuencia en un terminal y uno de ellos se abrió, mostrando una pequeña maleta. Sloo la cogió, la depositó en una mesa cercana y la abrió. Dentro había un collarín de seguridad. Se lo colocó en la parte posterior del cuello y sintió como los conectores se acoplaban a los de de su entina. Inmediatamente, en su campo visual apareció nueva información y opciones. Se dirigió hacia un terminal libre que había junto al que estaba el coordinador, que volvía a estar conectado, y enchufó algunos de los cables a su collarín. Varios audiovisuales se mostraron a lo largo de la parte superior de su campo de visión. Mediante pensamientos, fue curioseando cada uno de ellos. Eran los audiovisuales que estaban retransmitiendo algunos de los thebots. Con otro pensamiento, estableció comunicación con el jefe del grupo de asalto. Le informó de que no había comunicaciones inalámbricas. Este se lo indicó a sus agentes y ellos, a su vez, destaparon varios paneles de una de las paredes del pasillo y conectaron algunos cables muy finos desde sus propios collarines a las terminales que había en los cajetines. A partir de ese momento ellos también tendrían acceso a toda la información. Sloo dio la orden y la puerta se abrió para que pasaran los soldados, que dejaron un rastro de hilos blancos tras de sí.

Todo fue bastante rápido, se desplegaron con una coordinación sobrehumana por los diferentes pasillos y habitáculos, neutralizando a los bibots. Cuando llegaron hasta donde la clienta había llevado a cabo la masacre, vieron que el cuerpo de esta se encontraba tendido en el suelo, rodeado de los cuerpos mutilados de varios guardias. La clienta pertenecía a una philia y sus cuerpos eran de alto rendimiento, por lo que no había sido fácil reducirla. Varios soldados se acercaron con cautela y comprobaron el cuerpo de la philia, pero no obtuvieron ninguna respuesta vital. Otros soldados distribuyeron varios aparatos por diversos sitios y las comunicaciones inalámbricas se restablecieron.

Sloo se desconectó del terminal y le pidió al coordinador que contactara con el centro de control y le avisara si lograban determinar el origen del ataque. Después se dirigió hasta donde estaba el oficial al mando del grupo de asalto y con este y varios ayudantes se pusieron en camino hacia la habitación donde estaba la clienta. En el campo de visión de Sloo apareció un aviso de comunicación entrante. Tras aceptarla, uno de los técnicos se mostró enmarcado por un círculo en otra zona de su campo visual, le informó de que algunos de los thebots se habían introducido en el recinto de las chicas. Todas estaban bien, en sus nichos, salvo una, que había desaparecido:

–Hemos revisado los datos que nos han enviado tanto los thebots como los soldados, pero no hemos localizado tampoco su cuerpo. La única que hemos encontrado muerta es la que acompañaba a la clienta –informó el técnico–. Aunque hay signos de una apertura de emergencia en el nicho.

–Haz un recuento de cuerpos del resto del personal, incluido los bibots –le indicó Sloo a su vez tras meditarlo un instante–. Infórmame si no localizan a alguien más.

A su vez, Sloo le ordenó al oficial al mando que enviara a sus soldados a revisar todas las estancias del edificio para localizar a todas las personas que aun no habían aparecido. En ese instante, algo se agitó con violencia detrás. Cuando Sloo se giró, varios soldados estaban ya disparando sus armas hacía algo que se movía con una velocidad formidable. El oficial estaba al lado de Sloo gritando órdenes cuando algún tipo de líquido les salpicó a ambos en la cara. Era la sangre mezclada con los fluidos de los implantes thibs de uno de los soldados que había caído abatido tan sólo unos metros delante de él. El cuerpo de la clienta se hallaba acuclillado unos pasos más adelante, en una posición amenazante, mirando a Sloo fijamente. En el instante que parecía que iba a saltar sobre este, varios soldados dispararon algún tipo de sustancia viscosa que se le pegó al cuerpo y la hizo tambalearse por el impacto. La sustancia comenzó a expandirse y ha pegarse al suelo y mobiliario cercano. La clienta quedó atrapada sin poderse mover apenas. En ese momento se convulsionó de una forma extraña y quedó desplomada.

Un técnico trajo rápidamente un aparato que dejó junto al cuerpo inerte de la clienta. Conectó un cable desde su propio cerebro al aparato y, desde este, otro cable hasta la parte posterior del cuello de la clienta. Tras realizar un análisis previo informó de que algún asaltante había usado el cuerpo de ella para realizar el último ataque y que, al ver que estaba paralizada, había sobrecargado sus sistemas con una mezcla de virus para borrar el rastro. Sloo le ordenó seguir investigando. Otros analistas comenzaron a conectarse también a los cerebros de los bibots para obtener más información sobre lo que había ocurrido. A continuación, Sloo había vuelto a la sala de administración y había contactado con Mith para darle las malas noticias.

Mith había solicitado reunirse con Sloo en su despacho al poco de llegar. Una vez allí, Sloo esperó a que Mith se colocase su propio collarín, que extrajo de un compartimento de su escritorio, y le tendió un cable con el que conectarse para hablar en privado y contarle todo lo ocurrido:

–¿Se ha localizado a la chica que falta? –preguntó, tras una pausa.

–Los soldados han rastrado todo el recinto, incluso los exteriores, y no han encontrado nada –respondió Sloo, que seguía conectado a la información que le iban enviado sus asistentes y técnicos. Esta se iba mostrando de forma resumida en un lateral de su visión. En ese momento saltó un aviso–. Perdona un momento, parece que hay novedades.

Sloo contactó con el coordinador de la sala de administración y lo pasó a la misma comunicación que compartía con Mith. Apareció dentro de un círculo ante la visión de ambos:

–Me dijo que les informara si no encontrábamos a alguien más. Hemos hallado un sólo caso: un asistente médico llamado Bor. No han encontrado trazas de su material genético entre los restos ni logramos localizar su señal dentro del recinto o los alrededores –indicó el coordinador–. Por otra parte, los analistas están encontrando trazas de un asalto telemático que están analizando en estos momentos.

–Contacte inmediatamente con nosotros en cuanto obtengan más información sobre su origen –le indicó Sloo.

–Así lo haré –el coordinador cortó la comunicación.

–Crees que alguna de las otras hermandades está detrás –afirmó Mith, no era una pregunta–. El asistente médico los habría ayudado, llevándose además a la chica.

–Es una posibilidad –contestó Sloo, aunque no parecía muy convencido.

–Pero...

–El ataque ha sido muy potente. Han traspasado muchas de nuestras barreras y han causado muchos daños. No habíamos visto esto nunca antes.

–¿Un nuevo sistema de asalto telemático? –preguntó Mith.

–Es otra posibilidad.

–Y que hubiéramos servido de ejemplo para ponerlo en el mercado.

–Este local no lo conoce ni nuestra propia hermandad. No podríamos acusar a nadie del ataque ni informar a nuestra cúpula sin delatarnos.

–El asistente médico podría haber vendido nuestra localización.

–O quizá lo hayan usado, viendo la sofisticación del asalto y la capacidad de asaltar cerebros –meditó Sloo–. En todo caso no estaremos seguros hasta que lo localicemos.

–Hay algo más.

–La clienta –confirmó Sloo–. Los philia llevan implantes thib muy avanzados y las mejores barreras defensivas, impenetrables a ataques telemáticos de ninguna clase, pero según los testigos, habría sido la primera en volverse loca y atacarnos.

–Entonces existe la posibilidad de que...

–Exacto.

Sloo contactó con uno de los analistas. Este se encontraba en una habitación donde, sobre una cama, estaba tendido el cuerpo de una chica joven, retorcido en una extraña posición. El técnico tenía varios aparatos conectados al sistema nervioso de la muchacha:

–¿Habéis encontrado algo extraño? –preguntó Sloo al técnico.

–Por ahora nada en absoluto, todo está correcto –respondió el analista–. Varios médicos están revisando los datos y realizando análisis moleculares y genéticos pero no encuentran ninguna anomalía. No hemos hallado nanobots o moleculares desconocidos. Los firmas digitales tampoco muestran alteraciones y su entina no parece que haya sido modificada.

–¿Y el resto de chicas?

–Los médicos ya han despertado a todas y les están haciendo pruebas preliminares. Aunque habrá que revisarlas con más profundidad, por ahora, tampoco han encontrado nada.

Sloo cortó la comunicación y se dirigió a Mith:

–No creo que encuentren nada en ellas.

–La chica, la que robó el asistente que tampoco aparece –especuló Mith.

–Pero esta noche no estaba trabajando, no estaba con la clienta.

Mith meditó sobre el tema. Al igual que a Sloo, ninguna de las teorías terminaba de convencerlo del todo. Algo se les estaba escapando. Pasado un rato, el coordinador volvió a solicitar comunicación. Sloo se la concedió:

–Varios de nuestros técnicos están localizando información en las redes sobre otros incidentes violentos que se han producido en varios puntos de la ciudad estado –informó atropelladamente–. La hora coincide con el asalto a nuestro local.

–¿Nos estás diciendo que todos los bibots de la ciudad estado se están volviendo locos? –preguntó extrañado Sloo.

–¿Bibots? –respondió el coordinador–. No me refería a bibots. Se trata de féminas de diversas philias, cerca de una veintena de ellas.

Sloo y Mith no supieron que responder.

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