Libros de Ficción

Aerth Muund 1x01: Encuentro, 1a Parte

por JL Iglesias Feria

7

–Naghins –dijo Alest cuando estuvo de pie–, debí imaginarme que estabais detrás de todo esto.

–No de la forma en que te imaginas –contestó Nel–. Lo mejor será ir abajo para poder hablar con tranquilidad.

Cualquiera que no estuviera acostumbrado a tratar con naghins, se sentiría intimidado, pero Alest las conocía muy bien. Eran bastante altas, Nel lo era más que Alest y eso que este no era precisamente bajo. Todas tenían aspecto de mujer y su rasgo más característico eran unos impactantes ojos con el iris anaranjado o rojizo.

–Ya, claro, lo que tú digas –respondió Alest–. Pero antes, debo terminar un asunto.

Alest se metió la mano en la parte interior de su chaqueta para coger el paquete para Lu. Ghio, su obstinada perseguidora, también se había incorporado a su lado y creyó que iba a sacar alguna clase de arma. Se abalanzó sobre él y le agarró el brazo para impedírselo. Alest no se lo esperó y reaccionó de forma instintiva, echándose hacia atrás e intentando librarse de ella.

–¡Quietos! –gritó Nel, al tiempo que levantaba las manos indicando calma.

Alest miró con enojo a Ghio que le devolvió una mirada de ira con sus dos ojos negros. Ella había perdido sus gafas en la caída y pudo apreciar que no era naghin, era una de las muchas humanas que trabajaban para ellas. Por eso no había detectado implantes, no era una thib. Alest sacó lentamente el paquete y se lo enseñó a Ghio, arqueando las cejas:

–Tranquila, es tan sólo un paquete para él –dijo, señalando a Lu.

Ghio dio un paso atrás, aunque con recelo. Alest se acercó a Lu, le entregó el encargo y este lo recogió:

–Alest, deberías escuchar lo que han venido a proponerte –le dijo Lu.

–Me podrías haber avisado de que no ibas a recogerme –le reprochó Alest.

–Ella fue a recogerte –le contestó Lu, señalando a Ghio.

–Sí, ha sido muy amable –ironizó Alest al tiempo que se giraba a mirarla con reproche.

–No tendrías que haber montado aquel jaleo –le respondió Ghio.

–En cuanto a esa decisión –intervino Nel–, debo reconocer que la culpa es mía. Fui yo la que no le permitió a Lu ponerse en contacto contigo y envié a Ghio en su lugar. Existen razones para ello.

–Razones que no me vais a explicar –contestó molesto Alest.

–Vayamos abajo y hablemos.

Alest estuvo a punto de replicarle de nuevo a Nel, pero al final se resignó y caminó hacia las escaleras, seguido por Lu. Ghio, tras recoger sus gafas del suelo, se acercó a Nel y la cogió amigablemente del brazo cuando esta ya se disponía también a descender. Esperó a que los otros dos se adelantaran y le preguntó en voz baja:

–Nel, sabes que no discuto tus decisiones pero, ¿estás segura de que tiene que ser él? ¿No puede ser otro?

–No, debe ser él.

Ghio soltó a Nel y ambas bajaron también. Una vez en la planta inferior, Alest se encaminó hasta la zona que era su lugar de trabajo habitual. Comenzó a recolocar algunos aparatos y acopló sus gafas en el dispositivo de carga. Mientras, Lu invitó a Nel y Ghio a acomodarse. Nel se sentó en un sillón, pero Ghio se colocó de pie tras ella. Lu tampoco se sentó, se cogió las manos a la espalda y esperó a que Alest acabase con lo que estaba haciendo. Este terminó de trastear, se giró, se apoyó sobre su escritorio y se cruzó de brazos:

–Vale, si estáis aquí es porque, por alguna extraña razón, queréis que os ayude. Pues bien, antes de comenzar, quiero dejar claro varias cosas: la primera, no tengo intención de participar en ninguna de vuestras intrigas.

Alest se detuvo, pensaba que Nel iba a interrumpirlo, pero no lo hizo.

–La segunda: en el caso hipotético de que os ayudase, quiero acceso a toda la información, sin restricciones. Y tercera: no pienso comprometerme a nada, si la situación me parece sospechosa o lo considero oportuno, me largo.

Nel hizo un gesto con la cabeza de aceptación y le contestó:

–De acuerdo, pero yo también voy a poner un par de condiciones: primero, mientras que estés con nosotras, harás lo que te pidamos; y segundo, no podrás contarle nada a nadie. Si se te ocurre pasarle algún dato a uno de tus amigos, atente a las consecuencias. Y nada de montar alborotos como el de anoche en el local de los Klauth.

–Hace tiempo que dejé el tráfico de datos –se defendió Alest, que ni intentó saber cómo se había enterado Nel de aquello–. Tienes mi palabra de que, acepte o rechace tu oferta, no diré nada a nadie. Lo de anoche, fue una excepción.

Nel se lo quedó mirando, como evaluándolo. Alest no se acobardó y le devolvió la mirada:

–Muy bien, ya sabrás que anoche ocurrió un incidente bastante extraño que afectó a una veintena de thibs pertenecientes a philias –explicó Nel, Alest afirmó con la cabeza–. Como también podrás imaginar, el Consejo Central Superior de la ciudad estado naghin de Nohoi está bastante preocupado por ello.

–Y la Consejería de Asuntos Especiales ha enviado varias de sus Secciones a investigarlo –añadió Alest–, aunque imagino que muchas de ellas ya estarían aquí.

–Así es –confirmó Nel–. En estos momentos, varias de nuestras intermediarias se están reuniendo con las philias para calmar los ánimos y mantener el orden. Por otro lado, varias Secciones Especiales están llevando a cabo ya indagaciones sobre las posibles causas.

–Y vosotras sois una de esas Secciones Especiales –replicó Alest.

–Efectivamente, una de las que llevan aquí algún tiempo –contestó Nel–. Más tarde, si nos acompañas, conocerás al resto del equipo. En estos momentos, están recopilando información sobre los casos. No tenemos problemas para obtener los datos o realizar un análisis de los mismos, tenemos medios para ello. Pero, para este caso, vamos a necesitar algo más.

–Por ejemplo, realizar sondeos profundos de entinas –propuso Alest–. Concretamente, nanobiología vírica. Un médico nanotecnólogo especializado en thibs como Lu, y alguien que lo asista, como yo.

–Por ejemplo.

–¿Y por qué no envían a especialistas de Nohoi?

–Ahora mismo, no es posible. El tiempo apremia, debemos comenzar lo antes posible y, digamos, que los disponibles están todos ocupados. Además, tú cumples otra condición deseable: conoces muy bien las redes de la ciudad estado debido a tus actividades pasadas. Tenemos informes muy detallados que indican que tienes buenas aptitudes para asaltar y manejarte a través de sistemas thibs.

En resumen, pensó Alest, querían que Lu y él llevaran a cabo algunos trabajos extraoficiales en los que las naghins no querían verse envueltas. Estaba claro que los iban a utilizar. No comprendía por qué Lu había accedido a participar en ello:

–Aun no he escuchado ninguna razón por la que unirme a vosotras.

–Tendréis acceso a las mejores herramientas naghins, muy superiores a las reliquias thibs que ahora tenéis. Vuestra situación personal también podría mejorar mucho –propuso Nel–. Te prometo que ya no tendríais que seguir huyendo de ciertas hermandades. Seguiríais siendo independientes, pero no clandestinos.

–Sabes que las cosas no nos han ido del todo bien últimamente –intervino Lu–. La situación actual entre las philias y las hermandades va a complicar mucho las cosas en las calles. Necesitamos este trabajo.

Alest no conocía lo suficiente a Lu como para adivinar la artimaña con la que lo habían presionado, pero no era normal que actuara de aquella forma.

–Luego, no me quedan muchas opciones –contestó Alest.

–No lo haré si tú no quieres –respondió Lu.

Aquello le sonó a Alest casi como una petición de auxilio. O quizá, el viejo escondiera algo. Aun así, Alest sabía que, en el fondo, no era mal trato. Estaba un poco cansado de la clase de trabajo que realizaba para Lu, necesitaba salir de la monotonía y enfrentarse otra vez a nuevos retos. Además, estaba el mensaje extraño que había recibido del ente, quería averiguar más sobre ello y por qué le había indicado que buscara a Nel. Pero seguía sin confiar en las naghins, no podía ser de otra forma si tenía en cuenta sus experiencias en el pasado. Por ahora, no pondría en peligro a Lu. Más adelante decidiría qué hacer:

–Acceso a toda la información –puntualizó Alest.

–Acceso a toda la información –repitió Nel.

–Y si veo cosas raras, cualquier ardid o algo no me gusta, lo dejo. Contigo o sin ti, Lu –dijo mientras lo señalaba. Este levantó las manos en posición de rendición. Nel hizo un gesto afirmativo.

–Imagino que comenzamos inmediatamente –comentó Alest.

–Un vehículo nos espera en la avenida –respondió Nel–. Recoge las cosas que creas que vas a necesitar y nos ponemos en marcha. Por ropa y utensilios personales no te preocupes, mandaremos algunos bibots a por ellas.

Alest se dio la vuelta, cogió la mochila que usaba a menudo para transportar sus cosas y puso en ella las gafas, su soporte y varios juguetes más que había conseguido y modificado con la ayuda de Lu. El resto no le importaba, siempre podría acceder a los sistemas de Lu y sus inteligencias desde cualquier lugar de la ciudad estado, más si iba a tener la tecnología naghin de su parte. Nel se puso de pie y todos se dirigieron hacia la salida.

–¿Tu no te llevas nada? –preguntó Alest a Lu.

–Lo mío ya está todo en el vehículo.

–¿Y si yo no hubiera aceptado?

–Confiaba en que lo harías.

No tardaron en llegar hasta dicho vehículo. Era como cualquier otro de los que pertenecían a las hermandades, salvo que no llevaba ningún tipo de insignia, ni siquiera la que le había visto a Ghio. La situación en el exterior no había cambiado mucho, quizá hubiese empeorado. Alest se había colocado de nuevo las gafas y, de camino al vehículo, había comprobado que se habían producido bastantes conflictos menores entre hermandades y corrían rumores de cruce de acusaciones entre philias. Si las naghins no lograban parar todo aquello, la cosa se iba a poner bastante tensa.

Una vez dentro del vehículo, este comenzó su marcha de forma autónoma. Como el resto de vehículos de la ciudad estado, su inteligencia podía operar de forma automática si se le suministraba un destino o una trayectoria, aunque también podían operarse de forma manual. Los asientos eran cómodos, y Lu no tardó en buscar una posición para echarse una cabezada. Alest, a pesar de que tampoco había descansado demasiado por la noche, estaba aun demasiado enojado como para hacerlo, pero agradeció su confort. Ghio se puso en la parte trasera a revisar lo que tenía toda la pinta de ser armas o equipo militar. Nel pareció entrar en estado mekra. Las naghins no dormían. En vez de ello, de vez en cuando, entraban en una especie de trance al que denominaban de esa forma. Normalmente, lo realizaban por las noches, durante unas pocas horas, pero podían pasar días enteros sin realizarlo. En este y otros aspectos eran superiores a los humanos, incluso a los thibs, como poseer una alimentación menos exigente, un consumo de agua mucho menor o defensas naturales contra moleculares tóxicos o radiación. También podría ser que Nel se hubiera conectado. Las naghins poseían un cerebro especial. Podían comunicarse entre ellas en una especie de complejo metamundo llamado ethermuund, desde donde podían acceder también a otras redes, incluidas las thibs. Algunos humanos, pero nos los thibs, también podían acceder a ethermuund mediante el uso de unos cascos especiales diseñados por las propias naghins, aunque de forma muy limitada. Alest no tenía constancia de que las naghins se acoplasen implantes como las entinas de los thibs. De hecho, las naghins no tenían ninguna clase de implante. Era como si sus cuerpos y cerebros poseyeran esas capacidades de forma innata.

El trayecto fue más largo de lo que Alest había imaginado ya que atravesaron varios sectores. Lo que no le sorprendió fue que el vehículo no se detenía en los controles entre los mismos. De alguna forma, les daban paso a través de accesos reservados. Llegaron hasta un sector que Alest no había visitado nunca. Eran para uso exclusivo de las philias y dirigentes de hermandades superiores. Allí los espacios eran más amplios y los niveles no se superponían tanto como en los sectores más pobres, ocultando el cielo a la mayoría de sus habitantes. Pero tampoco se detuvieron en este sector, avanzaron hasta otro más extraño. Estaba poco habitado y poseía lo que parecían muchas factorías ya que vio muchos y diversos labots. Lo atravesaron descendiendo varios niveles hasta llegar a un puerto de lo que Alest reconoció como el río Maar. La ciudad estado de Tarios se asentaba en la costa, al lado de la desembocadura de dicho río, aunque muchos de sus habitantes ni lo sabían, ya que esos sectores estaban vetados para la gran mayoría.

Recorrieron el margen del río hacia el mar, ascendiendo de nuevo niveles, hasta que llegaron hasta un edificio situado en el nivel más alto, encajonado entre varias grandes fábricas. El vehículo se adentró en el mismo a través de un portón que se abrió para dejarlos pasar.

Cuando el vehículo se detuvo, Nel salió de su mekra, su conexión o lo que fuera, y Alest zarandeó a Lu para que se despertara. Este refunfuño quejándose de que en realidad no estaba dormido. Cuando las puertas se abrieron, fuera esperaban varias bibots idénticas, todas con apariencia de mujer, todas con la misma indumentaria. Parecían copias, como con toda probabilidad fuesen.

–Ellas se encargarán de vuestras cosas –aclaró Nel–. Más tarde os indicaremos dónde os vais a alojar. Ahora debemos reunirnos con el resto para que los conozcáis y comenzar lo antes posible a trabajar.

Tomaron un elevador que los trasladó unas pocas plantas más arriba. Cuando salieron del mismo, se encontraron con una chica joven humana. Estaba regando un grupo de pequeñas macetas. Su pelo era castaño y sus ojos marrones. Era algo bajita y delgada. Contrastaba bastante con Nel, que la saludó:

–Buena mañana, ¿han llegado Nuun y Kaira?

–Buena mañana. Así es, hace tan sólo unos minutos –contestó la muchacha con un tono de voz algo bajo y melodioso.

–Esta es Mia, ellos son Lu y Alest. Aunque también realiza algunas gestiones administrativas, es nuestra enfermera.

–Encantada de conocerles. Quiero que sepan que estaré siempre disponible para cualquier cosa que necesiten –respondió Mia, inclinándose hacia delante.

–De igual manera –respondió Lu, inclinándose también. Alest lo imitó, aunque lo hizo de forma torpe. Se sentía algo incómodo con tanta formalidad. Lu parecía que lo había hecho toda la vida.

–Lu es médico –continuó Nel.

–Saber eso me complace –respondió Mia esbozando una sincera sonrisa–. Espero poder aprender muchas cosas.

–Sólo soy un simple nanotecnólogo –dijo Lu–, pero me sentiría muy complacido si disfrutaras con las divagaciones de este viejo.

Alest estaba totalmente descolocado. Nunca había visto a Lu actuar de aquella forma, ni con sus propios clientes. A continuación, Mia miró a Alest esbozando una sonrisa. Este, no supo porqué, bajó la vista avergonzado sin saber qué decir.

Por suerte, continuaron avanzando mientras Ghio se quedaba atrás con Mia, hablando sobre algún tema relacionado con el material que antes había estado revisando en el vehículo. Nel los condujo hasta una zona que le hizo sentirse mucho más cómodo a Alest. Era uno de los mejores centros de computación y comunicaciones que había visto en su vida. En medio de todos los dispositivos, junto a una terminal, había un muchacho algo mayor que Alest y que poseía algunos implantes thibs, lo que volvió a desconcertarlo. Nel se detuvo junto al joven:

–Él es Nik, nuestro técnico. Ellos son Lu y Alest.

–¡Hey, qué tal! –dijo este, saludando efusivamente con una mano–. ¿Ya has engañado a otro par, Nel? ¡Espero que estos no se te mueran a los dos días!

–¡Nik! –le recriminó Nel, aunque no parecía estar enfadada.

–¡Es broma, es broma! –rectificó este–. Bienvenidos los dos.

–Lu es médico nanotecnólogo especializado en thibs –le aclaró Nel.

–¡Uy! Eso me va a venir genial –puntualizó Nik.

–Con Alest creo que también te llevarás bien –siguió Nel–. Sabe algunos trucos interesantes.

–Lo conozco –respondió Nik–. Hace algún tiempo se dedicaba al tráfico de datos. Buenos trabajos y buen material, tengo entendido.

–Ya no me dedico a ello, lo he dejado –matizó Alest.

–Eso he oído –dijo Nik–. Me alegro, ya me contarás.

Nel continuó andando y ambos la siguieron. Cuando se hubieron retirado un poco, Alest no pudo reprimir la pregunta:

–¿Un thib? ¿Vuestro técnico es un thib?

–Como en poco tiempo comprobarás, nuestra Sección es, digamos, más especial que las demás –aclaró Nel.

Tras cruzarse con varias bibots más, idénticas a las que había visto tras bajarse del vehículo, llegaron hasta una zona donde esperaban dos humanas. La primera estaba sentada sobre sus piernas cruzadas en lo alto de un sillón. Tenía el pelo muy negro y la piel muy clara. Su aspecto era algo siniestro. Por otra parte, sostenía un viejo libro electrónico que estaba leyendo en silencio. Era un hábito muy extraño. Alest no conocía a gente que siguiera usando ese tipo de artilugios. Él mismo usaba las gafas y se apoyaba en el entorno tridimensional y las inteligencias para tener que leer lo mínimo. La otra muchacha, por contra, se asemejaba mucho más a las típicas jóvenes thibs de Tarios. Su pelo era verde, al igual que sus ojos, y lo llevaba corto y alborotado. Vestía similar a Ghio o la siniestra, con ropas de tipo militar, pero con un cierto toque de rebeldía. Estaba casi literalmente desparramada sobre un sofá y movía una pierna al son de una canción de moda que entonaba.

–Veo que ya estáis de vuelta, ¿cómo os ha ido? –preguntó Nel.

–¡Puf! Un incordio –respondió la del pelo verde, con un marcado acento y exagerando mucho las muecas y los gestos–. Recoger pruebas y testimonios es un asco. Luego hemos estado con las chicas de Eri y nos han pasado el resto de información. Se lo hemos dado a Nik para que le haga eso que él hace.

Nel se giró y, señalando con el brazo, los presentó:

–Ellos son Lu y Alest. Van a ayudarnos con el caso.

La joven alzó las cejas y abrió teatralmente los ojos, poniendo una expresión de incredulidad:

–No parecen soldados.

–Y no los son –le aclaró Nel–. Lu es médico y Alest trabaja con las redes.

–Pues qué bien –ironizó la otra–. Así Mia y Nik tendrán con quien hablar de las cosas esas de las que hablan. Yo seguiré con la callada y la gruñona.

Nel suspiró y se dirigió hacia Alest y Lu:

–Ella es Kaira. Tiene una forma de ser un poco mordaz y, como habréis podido apreciar, no se calla lo que piensa.

Nel indicó con el brazo hacia la otra chica:

–Y, por último, ella es Nuun. No os extrañéis de que no hable demasiado con vosotros. Es bastante reservada.

Nuun levantó la vista de su lectura. Alest sintió como sus dos ojos grises lo taladraban. Poseía la mirada más fría que había visto en su vida y su rostro no mostraba ninguna emoción. Todo lo que dijo con una voz profunda y una entonación plana fue:

–Hola.

Y continuó con su lectura como si nada. Estaba claro que Nel no ejercía de jefa. En parte, no era tan raro, ya que las naghins se organizaban más como una comunidad que de forma jerarquizada, como era el caso de los thibs. Formaban grupos que colaboraban para realizar tareas, todas al mismo nivel. Pero para algunos trabajos, fuera de sus ciudades estado, solían recurrir a humanas que escogían cada una de ellas personalmente y sobre las que solían imponer su autoridad como oficial al mando. Alest se preguntó de dónde habría sacado Nel a aquella gente.

Ghio apareció de nuevo e, ignorando a Alest y Lu, se acercó a Nel:

–Nik comenta que el preprocesado ha terminado. Sus inteligencias seguirán con el resto y nos lo irá pasando según lo vayan teniendo.

–Perfecto –le respondió Nel–. Entonces no reuniremos. Lu, pídele a Mia que te enseñe las instalaciones donde vas a realizar tu trabajo. Alest, si lo deseas, puedes acompañarnos ya que tan interesado estás en tener toda la información. Sino, puedes ir con Nik a que te enseñe su instrumental.

Alest se detuvo a contemplar a las cuatro. No le apetecía mucho, estando cansado, dolorido y somnoliento, pasar demasiado rato con Nel y su peculiar grupo. Más cuando la alternativa era poder trastear con los aparatos que había visto junto a Nik:

–Prefiero que me hagas un resumen más tarde –fue su respuesta, y se encaminó hacia el lugar donde se ubicaba el técnico.

Cuando llegó junto a él, estaba en una terminal y parecía conectado. Prefirió no molestarlo, así que se puso a mirar el equipo informático. Nik no tardó en hablarle:

–Siempre creí que serías un thib imponente con implantes fuera de lo común. Nunca me imaginé que serías, tan sólo, humano.

–¿Cómo te has dado cuenta de que no soy thib? –preguntó Alest por curiosidad.

Nik se giró, mirándolo fijamente. Frunció el ceño y, muy serio, le dijo:

–Puedo leeros la mente, patéticos humanos.

Alest no supo que contestar pero, tras un instante, Nik se echó a reír ruidosamente y continuó:

–En realidad es obvio. Nel sólo puede incorporar a su grupo a humanos, por no hablar de que tengo acceso a tu expediente.

Alest se sintió un poco estúpido por no haber caído en algo tan obvio. Estaba un poco despistado con todo lo que había pasado, pero aprovechó la ocasión para preguntarle acerca de él:

–¿Y en tu caso?

–Fui malo y las naghins me castigaron –respondió Nik, volviendo a su tarea–. Por lo que he visto en tu historial, tú también les diste bastantes quebraderos de cabeza. Según parece, aun no se explican cómo lograste huir.

–Pura suerte –contestó Alest.

No tenía la intención de contarle que lo había logrado gracias a la ayuda del ente. Fue la primera vez que se le presentó. La niña se dedicó a mostrarle el camino, evitando así a las naghins que lo perseguían. Por fortuna, Nik cambió de conversación:

–¿Te apetece conectarte? Si quieres, te puedo explicar cómo va todo esto.

–Creía que no me lo ibas a proponer.

Alest sacó sus gafas y siguió las instrucciones de Nik. El sistema era impresionante y mucho más potente que el de Lu. El técnico pasó bastante tiempo explicándole todo al detalle, entre risas y bromas, y a Alest se le pasó el tiempo volando. En seguida se sintió cómodo con Nik. Cuando se dio cuenta, era casi mediodía y comenzaba a tener hambre:

–Dentro de un rato te acompaño al comedor –le comentó Nik–. Hoy no va a ser posible, pero otro día no pierdas las oportunidad de comer algo que prepare Mia. Se le da muy bien cocinar, incluso la insulsa comida thib. Lo que preparan los bibots es poco más que bazofia comparada con la de ella. Pero ahora, ¿te apetece fisgonear en la reunión?

–¿Podemos?

–¡Claro! Mientras no se lo digas a Nel. –le propuso Nik, haciéndole un gesto de complicidad.

Alest no tuvo que esperar mucho hasta tener frente a él un gran panel. En él, se mostró un audiovisual que debía haber en la parte superior de la sala de reuniones donde Nel se encontraba con sus tres suboficiales. Ellas también parecía que estaban terminando:

–... por lo que Eri me tiene que pasar aun bastante información con los resultados de las autopsias realizadas a las philias que están llevándose a cabo en estos momentos –decía Nel–. Probablemente, a Nik y sus inteligencias le llevará algo de tiempo tratarla toda. Además, voy a estudiar también con Nik y Alest los casos que aun no se están investigando a fondo por otras Secciones Especiales, para no descartar ninguno y centrarnos en el que nos parezca más prometedor. Lo ideal sería obtener la mayor cantidad de muestras que pueda analizar Lu.

–Suena a que vamos a seguir un buen rato sin hacer nada –comentó Kaira.

–Os aconsejo que, después de comer, descanséis hasta que os avise –indicó Nel–. Es muy probable que vaya a ser una noche larga.

–¿Mando a las bibots preparar equipo de asalto? –preguntó Ghio–. Imagino que con obtener muestras te refieres a hacerlo sin que las philias se den cuenta.

–Así es –le confirmó Nel–. Es muy probable que tengamos que acceder a donde tengan a uno de los cuerpos. De esa tarea quiero que te encargues tú, Nuun, con el apoyo de Kaira.

Nuun afirmó con la cabeza mientras Kaira levantaba los puños en actitud triunfal:

–¡Bien!, Por fin, un poco de acción.

–Te recuerdo que hay que ser muy discretos –le recriminó Nel.

–¿Y cuándo no lo he sido? –dijo Kaira, fingiendo sentirse dolida.

–¿Y nosotras dos? –preguntó Ghio a Nel.

–No hay nosotras dos –le aclaró Nel–. Quiero que a partir de ahora te pegues a Alest y estés con él todo el tiempo. Por el momento, no debe salir del edificio.

–¡¿Cómo?! –exclamó Ghio–. Pero...

–No hay peros –la cortó Nel–. Te convertirás en su sombra.

Ghio la miró con rabia, se levantó con furia empujando su silla y se marchó de la sala con los puños apretados.

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