Libros de Ficción

Aerth Muund 1x01: Encuentro, 1a Parte

por JL Iglesias Feria

8

Cuando Alest llegó con Nik al comedor, Lu ya se encontraba en una mesa frente a Mia. Charlaban animadamente sobre alguno de sus temas. Alest se dio cuenta que llevaba un montón de horas sin probar bocado, así que se sirvió bastante comida. Nik se quejó otra vez de cómo la hacían los bibots y, quizá fuera el hambre que arrastraba, pero a Alest le pareció que estaba buena. Al poco entraron Nel y el resto de chicas. Nuun entró la primera, cogió poca cosa y se fue a un rincón solitario a seguir con su lectura, en la misma posición sobre la silla que la primera vez que la vio, mientras picoteaba algo de vez en cuando. Luego entró Nel seguida por Kaira que se sentó junto a esta en otra mesa. Kaira hablaba en voz alta sobre algún tema que Alest desconocía mientras Nel simplemente la escuchaba. Ghio entró la última y se dio prisa por escoger algo para llevar. Alest la siguió con la mirada. No le hacía ninguna gracia que aquella chica fuera a vigilarlo todo el tiempo. Ghio se giró y, sin hablar con nadie, se dirigió a la puerta de salida. Antes de atravesarla, clavó su mirada en Alest, que a su vez bajó la vista y se concentró de nuevo en su comida. Nik se dio cuenta y no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa:

–Te deseo suerte.

Cuando terminó de comer, Nik le recomendó que se echara una siesta. Como tampoco tenía ganas de volver a encontrarse con ella, le hizo caso. Se lo comentó a Nel y esta llamó a una de las bibots para que lo acompañara a sus cuarto. Esta vez, Alest no tardó en dormirse.

Cuando despertó, le costó bastante levantarse. Tenía el cuerpo dolorido y había dormido más de la cuenta. Se aseó y revisó la habitación, recolocando las cosas personales que le habían traído del local de Lu. Cuando salió al pasillo, apreció que ya había anochecido. Recorrió la planta hasta el elevador y subió hasta la que debería estar Nik. No se cruzó con nadie, ni siquiera con las bibots. La mayoría de las zonas tenían las luces apagadas. Cuando llegó hasta el puesto de Nik, este estaba con Nel. Ambos parecían estar conectados.

–Buena noche, Alest –le dijo Nel–. Llegas en el momento justo. Las inteligencias ya han terminado de preparar la información. Te he dejado un casco sobre el terminal de la derecha. Conéctate.

Alest buscó un sitio donde sentarse, cerca del terminal con el casco que le había indicado Nel. Era similar a los que usaban los humanos para conectarse a ethermuund. Alest ya lo había usado otras veces por lo que no tuvo que preguntarle por cómo utilizarlo. Cuando se lo colocó y entró al sistema, todo se volvió oscuro. Enseguida se desplegaron inmensos murales donde se mostraba amplia información de todos los casos reportados de locuras de philias, sobre todo imágenes y audiovisuales. Unos Nel y Nik virtuales se materializaron a escasos metros de su propio avatar. Estaban comentando uno de los casos.

–De todas formas, este ya está siendo investigado a fondo por otra Sección Especial –decía Nel–. Será mejor que escojamos otro.

Alest se fijó en un audiovisual donde se mostraba a una fémina en ropa de dormir atacando a sus asistentes y guardias en lo que debería ser su propia vivienda. En ese momento, arrojaba objetos de aspecto lujoso sobre varios de ellos. A su lado, se mostraba información, imágenes y gráficos sobre contactos de la philia, lugares visitados en los últimos días o datos médicos.

–Hemos comenzado a revisar cada uno de los casos para ver si encontramos alguna pista –le aclaró Nel–. Me interesaría que te dieras una vuelta por aquí y empezaras por echar una mirada por encima a todos los casos, para documentarte y por si encuentras algún patrón que se nos haya escapado.

–Si necesitas algún tipo de procesado de datos –le indicó Nik–, puedes hacer uso de cualquiera de nuestras inteligencias. Ya tienes permiso concedido para darles instrucciones tanto a ellas como a las bibots.

–¿Puedo conectarme a redes thibs desde aquí?

–Sí, pero si lo vas a hacer, es mejor que me avises antes.

–Como te dije esta mañana, hay razones para limitar las transmisiones fuera del sistema –matizó Nel.

Alest los dejó que siguieran con su conversación y se desplazó entre los inmensos paneles, revisando cada caso de forma superficial. La mayoría eran muy similares al primero que había visto. En otros casos la philia se había vuelto loca en un restaurante o algún establecimiento social, causando bastante alboroto. Uno de ellos había sido dentro de un vehículo. Había destrozado el interior del mismo, este se había salido de la pista y se había estampado contra un establecimiento. Cuando llegaron las asistencias, la tomó con ellas y huyó. A la seguridad de varias hermandades les había costado bastante reducirla, persiguiéndola a lo largo de varios niveles. Si no recordaba mal, habían sido veintiún casos. Cuando hubo recorrido los paneles de todos ellos, se dio cuenta de que había algunos paneles más. Fue hasta donde estaban Nel y Nik. No tuvo que andar el camino, tan sólo pensar en ello y su avatar desapareció y apareció junto a ellos:

–¿Que son los paneles que hay más al fondo?

–Incidentes que se produjeron a las mismas horas y que no está claro si están relacionados o no con los otros –indicó Nik–. Espera.

Nik hizo un gesto con la mano y los paneles se desplazaron vertiginosamente a su alrededor. Cuando se detuvieron, ante los tres se encontraba uno de los paneles a los que se había referido Alest.

–Por ejemplo, aquí están algunas de las philias que se hallaban en uno de los restaurantes atacados. Mostraron síntomas de pánico y agredieron a otras personas en su intento de huida. Esta otra –dijo Nik, volviendo a desplazar los paneles de nuevo de la misma manera. Alest no estaba acostumbrado a esa forma de procesar la información y se mareó un poco–, golpeó a varias bibots que tenía a su servicio. Luego hemos averiguado que solía hacerlo a menudo.

Alest se desplazó hasta uno de los últimos paneles para evitar que Nik volviera a moverlos y señaló un caso:

–¿Y este?

–Es uno de los últimos que hemos incluido –respondió Nik–. Vino entre los datos que trajeron Nuun y Kaira esta mañana. Se trata de un asalto de un grupo violento vinculado a una hermandad creada hace poco. La mayoría eran muy jóvenes. La philia prácticamente los destrozó, el problema es que alguno portaba algún arma pesada y logró acertarla en la nuca, matándola.

–Su philia ha informado de que, lo de ser atacada, ya le había pasado otras veces –señaló Nel–. Según parece, acostumbraba a salir por las noches en busca de emociones fuertes. Visitaba sectores problemáticos y su propia philia no está segura de todos sus movimientos en las últimas semanas. No era el primer lío en el que se metía.

–Parece que esta vez encontró emociones bien fuertes –dijo Nik.

No había audiovisuales del momento del ataque, sólo los tomados tras el incidente por el equipo enviado por la philia tras ser descubierto su cuerpo. Alest manipuló el panel y, de pronto, un modelo tridimensional a escala de la zona del crimen se mostró ante ellos. Fue pulsando algunas zonas y estas se ampliaban desplegando muchos detalles que Alest iba revisando con interés. Nik y Nel lo observaron con curiosidad. Alest solicitó a varias inteligencias que analizaran algunos datos sobre la zona y que le mostraran información sobre la hermandad que había llevado a cabo la ofensiva.

–¿Qué tipo de armas usó el grupo contra la philia? –dijo, por fin, Alest.

–Cortantes y de proyectiles –respondió Nik.

–¿Y la propia philia?

–Usó su propio cuerpo, así como objetos que encontró a su paso. Ya sabes que todos los miembros de las philias son expertos en artes marciales.

–Exacto –corroboró Alest–, pero he revisado a los componentes de esta hermandad y los implantes que suelen usar. Sus armas son todas de baja potencia y de dispersión más que de precisión. Con ellas sólo podrían haber hecho unos rasguños a una philia que llevase esas protecciones. Luego tuvieron que usar armas autónomas más potentes de proyectiles, no la de sus implantes.

–Se encontraron varias en los alrededores –matizó Nik.

–Sí, esa clase de armas con las que no hubiera podido ni soñar una hermandad recién creada –contestó Alest–. Por no hablar de las armas cortantes. No son del mismo tipo que suele usar esa hermandad habitualmente.

–Quizá se las acababan de regalar y querían probarlas –bromeó Nik–. ¡Que mejor que una philia para eso!

–¿Una hermandad con unos recursos tan limitados para defenderse de las posibles represalias atacando a una philia? –preguntó Alest– Pero es que no es sólo eso. Este tipo de aquí es un médico.

Nik y Nel se acercaron a mirar con más detalle al cadáver que señalaba Alest:

–¿Cómo lo sabes? –preguntó Nel.

–El tipo de lentes implantadas en sus ojos –indicó Alest–. Las conozco por el trabajo de Lu. Eso me ha llamado la atención y he revisado el resto de sus implantes. Todo concuerda. ¿Qué hacía un médico en un trabajo como este?

–Buena pregunta –dijo Nik–. Quizá pensaran en robarle alguno de sus caros implantes a la philia.

–Pero para eso hubiera sido más lógico usar un reciclador, no un médico. Las inteligencias me han confirmado además que no había ningún médico de estas características en la hermandad atacante.

Alest se retiró un par de pasos hacia atrás y abrió los brazos:

–Y luego está el lugar en sí. Al principio pensé que la propia philia había provocado la situación para divertirse matándolos tras atraerlos a este patio. Pero entonces ella no estaría tan lastimada. Si las cosas se hubieran puesto difíciles para ella, tan sólo tendría que haber saltado hasta estos balcones o esas plataformas fácilmente, sin posibilidad de ser perseguida. Tampoco creo que este grupo de thibs fuesen capaces de hacerle tanto daño. Pero eso no es lo más extraño. Lo más extraño es que prácticamente todos los thibs abatidos por la philia tienen heridas cortantes o de proyectiles, pero supuestamente la philia no usaba ese tipo de armas.

–Podría ser que se dieran entre ellos –propuso Nik.

–Lo que corroboraría que no era demasiado expertos. Y si se dieron entre ellos en vez de darle a la philia, ¿por qué tiene esta tantas heridas? No puede ser. Además, por esta zona no hay locales nocturnos y el ciclo de la philia se encontró bastante lejos. Todo es muy raro.

–¿Cuál es tu teoría? –preguntó Nel.

Alest pareció meditar su respuesta un momento:

–Por el tipo de vida que llevaba la philia, no me parece improbable que fuera asidua a visitar locales clandestinos. Imaginad que el ataque de locura se produce mientras está en uno de ellos. La seguridad suele ser alta en esos sitios, lograrían reducirla, pero no podrían informar de su muerte. No pueden permitirse que investiguen el lugar, así que se la llevan a un sitio algo alejado y simulan un ataque. Por supuesto, le disparan en la nuca para hacer desaparecer la entina. Lo más probable es que todos estos desgraciados hayan sido asesinados también por la hermandad que posee el negocio ilegítimo.

–Aun así, no dejaría de ser un caso más, el número veintidós –dijo Nik.

Ahora fue Alest el que sonrió:

–Le he pedido a una de las inteligencias que elaborara lo siguiente.

Junto a Alest se desplegó una imagen en la que aparecía un mapa de Tarios, dividido por sectores. Algunos de ellos estaban marcados en otro color. La mayoría eran sectores de clases altas, los que normalmente frecuentaría cualquier philia. Pero, apartado de ellos, estaba el sector donde se había producido el ataque a la philia de la que habían estado hablando. Era el único sector de clases bajas.

–Muestra las visitas a cada sector en el último mes por parte de las philias que se volvieron locas –dedujo Nel–. ¡Brillante!

–¿Alguien me puede explicar por qué el cien por cien de las afectadas han visitado en los últimos días este sector? –preguntó Alest, señalando el sector donde se había producido el incidente–. Quizá la actividad clandestina que, al parecer, necesita de un médico, tenga algo que ver con la locura de las philias.

–Nel, creo que tus chicas tienen trabajo –dijo Nik.

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