Libros de Ficción

Aerth Muund 1x01: Encuentro, 1a Parte

por JL Iglesias Feria

9

Antes de emprender ninguna acción, Nel quería obtener la máxima información sobre la philia muerta. Nik cambió de entorno virtual y cargó uno que usaban Nel y él cuando estaban realizando investigaciones. Alest se sintió inmediatamente abrumado. La naghin y el thib estaban acostumbrados a manejar grandes bloques de información, pero Alest era humano y solía trabajar de otra forma para no agobiarse:

–Nik, ¿habría alguna forma de limitar el interfaz visual? –preguntó Alest–. Creo que mi cerebro va a estallar si sigues haciendo eso.

–¡Oh, perdona! –se disculpó Nik–. No me había dado cuenta.

El thib reconfiguró el entorno, que se simplificó significativamente. Aparte de las inteligencias especializadas en tratamiento de datos, Nik cargó otras que lo eran en rastreo de información. Pasaron las imágenes y audiovisuales que tenían de la philia asesinada a una de ellas para que la identificara. Las philias se componían, normalmente, de unos treinta miembros cada una, y eran diecisiete philias en Tarios, por lo que no sería difícil emparejarla con alguno de los poco más de quinientos individuos que componían la élite de la ciudad estado. Nel, Nik y Alest conocían a muchos de ellos porque eran figuras bastante públicas, pero a esa en concreto no lograban equipararla, aunque su cara les sonaba. Enseguida la inteligencia les sacó de dudas.

Se trataba de Niiph, perteneciente a la philia Kaeon. Según los compendios de las naghins, había sido creada por una de sus phileas. Las philias eran una especie de familia, ya que sus individuos compartían material genético, donde un grupo de cuatro o cinco de ellos componían su cúpula dirigente, el phile. A los miembros masculinos del phile se les denominaba phileo y, a las femeninas, philea. Existían constantes luchas entre los miembros de las philias para alcanzar dichos puestos. Una de las phileas de Kaeon se había obsesionado durante un tiempo con la experiencia de pasar por un embarazo. No es que quisiera tener un descendiente, sino que le atraía probar la sensación. Hacía tiempo que había afianzado su posición en el phile, era bastante egocéntrica y no tenía otras metas que disfrutar de sus privilegios. Buscaba nuevas aficiones y vivencias constantemente, en una exploración continua en busca de diversión, sensaciones y placer que no lograban satisfacerla del todo. Así fue como, en un impulso repentino fruto del aburrimiento o de los nanos y moleculares que tomaba asiduamente, decidió quedarse encinta. Uno de sus genetistas extrajo varias células pluripotenciales del banco genético de la propia philea y las reconfiguró según los gustos de esta para obtener gametos masculinos específicos que fueron combinados con sus propios óvulos. Tras un análisis del material celular, escogieron un cigoto y se lo implantaron. Nueve meses después, en un parto natural, nació Niiph. Era muy parecida a su original, pero no idéntica. Lo que sí pareció heredar fue su gusto por la búsqueda de sensaciones fuertes.

Alest ayudó a Nel a organizar y analizar la información que Nik y las inteligencias les iban pasando. Una vez que habían obtenido suficiente información sobre la philia, comenzaron a hacerlo con los asistentes, técnicos, médicos y demás ayudantes que los auxiliaban a diario. En principio eran bastante más de cien, pero la mayoría pertenecía a la guardia y seguridad privada, por lo que descartaron a muchos rápidamente. Buscaban un perfil concreto: un restaurador. Niiph había quedado bastante dañada durante el combate, por lo que necesitaría de un restaurador que la adecentase antes de que se llevaran a cabo los protocolos propios de la defunción de un thib de su clase. Los restauradores eran un tipo de médico que, aparte de los tratamientos de revigorización, también llevaba a cabo ese tipo de tareas. Cuando moría un philia, al contrario que al resto de thibs, se lo preparaba adecuadamente y se los exponía sentado en un aposento especial para la ocasión. El resto de miembros de la philia y sus asistentes, así como thibs de hermandades superiores que lo desearan, iban a despedirse de él o ella en un ágape que se hacía en su honor. Hacia el final de la velada, la silla descendía ante la mirada de los presentes y algo después ascendía de nuevo conteniendo una caja con lo que los thibs llamaban la esencia. En realidad, bajo la estancia había un alojamiento de reciclado de cuerpos. Allí, un reciclador, asistido por sus bibots, usaban pequeños labots y thebots para extraer los caros implantes y ampliaciones y, el resto, era licuado y tratado con moleculares. Una parte de estos, los pertenecientes a su cerebro, se trataban para evitar su descomposición y se introducían en la caja que ascendía. El resto, eran destruidos, ya que los philias querían evitar que su material genético fuera usado por otros. La caja con la esencia era transportada a una especie de mausoleo donde encajaba perfectamente en una de las muchas criptas preparadas para ello. Era lo más parecido a un cementerio en la ciudad estado y sólo los philia podían ser allí depositados.

El objetivo de Nel y Alest era localizar al restaurador que se debía de estar encargando de Niiph. En realidad, de Niiph y de otra de las philias que había sido víctima también del ataque de locura. Era un proceso que llevaba algo de tiempo, por lo que todavía disponían de algunas horas de margen. Una vez localizado, las chicas deberían ir hasta el lugar y extraer algunas muestras de tejidos y fluidos de Niiph antes de ser enviada al aposento donde se la expondría. Nel quería que Lu analizase dichas muestras. Pero no lograron dar con ningún restaurador entre los asistentes de la philia. Ampliaron su rango de búsqueda a las hermandades superiores con las que tenía acuerdos la philia y que se dedicaban a temas médicos. En una de ellas localizaron a un restaurador y poco más tarde lo identificaron como el que se había encargado de otras muertes anteriores en la philia. Por suerte, su lugar de trabajo no estaba en las mismas instalaciones donde moraban las philias, sino en un edificio perteneciente a su propia hermandad. Eso iba a facilitar algo la misión, porque la seguridad sería menor. Pero se encontraron con el problema de que no lograron obtener de forma sencilla registros de dicho establecimiento, por lo que no podían estar seguros de si allí habían llevado el cuerpo de Niiph o no.

–Vamos a tener que acceder a la red de las instalaciones para comprobar si el cuerpo de Niiph está allí –indicó Nik–. El inconveniente es que no va a ser fácil tal y como están las cosas.

–Me gustaría evaluar otras opciones antes –discrepó Nel–, como llevar a cabo un estudio de desplazamientos de vehículos.

–Eso va a ser costoso –discrepó Nik–. En las últimas horas ha habido muchos movimientos debido a lo ocurrido y nos llevaría bastante tiempo.

–Un momento. ¿También tenéis acceso a ese tipo de información? –se sorprendió Alest–. ¿Podéis conocer la trayectoria de cada vehículo en la ciudad estado?

–No exactamente –respondió Nel–, pero tenemos acceso a varios bancos de almacenaje para audiovisuales de vigilancia pertenecientes a algunas hermandades y, procesando sus datos con inteligencias, podríamos extrapolar las rutas de los vehículos. Ya lo hemos hecho otras veces.

–Tendríamos que obtener más audiovisuales del lugar del crimen y de los alrededores de las instalaciones del restaurador para que buscaran coincidencias –explicó Nik–. Eso suponiendo que el vehículo que trasladara el cuerpo lo hiciera directamente allí y no lo hubieran cambiado por el camino.

–Podría haber otra forma –dijo Alest, lo que atrajo la atención de Nel y Nik–. Desde dentro de alguno de sus otros locales. Así no tendríamos que atravesar sus defensas externas. Hacer una escalada de redes me sería relativamente fácil con el equipo adecuado.

–¡La especialidad de los traficantes de datos! ¿No decías que estabas retirado? –preguntó Nik con algo de sorna– Al menos nos llevaría menos tiempo que el análisis de tráfico.

–Alest, no te lo tomes a mal, pero preferiría que no tuvieras que salir del edificio por el momento –discrepó Nel. Alest ya lo sabía de cuando estuvieron espiando la reunión, pero fingió sorpresa y resignación.

–Y yo tampoco puedo –añadió Nik cuando lo miró Alest, levantando las manos en actitud de rendición–. Me tienen castigado, ¿recuerdas?

Alest meditó un rato la cuestión y luego le dijo a Nel:

–Imagino que vuestros vehículos poseen conexión directa y segura con este centro.

–Así es –contestó Nel–, pero solemos usarlos lo mínimo para no levantar demasiadas sospechas. Meterlos dentro del local de alguna hermandad no es precisamente discreto.

–Tan sólo habría que aparcarlo por las cercanías –replicó Alest–. Podríamos usar algún thebot para introducirlo dentro y que se conectara a la red. Desde aquí nos conectaríamos a la red thib de la hermandad a través de la conexión con el vehículo y del cable que despliegue el thebot.

–¿Con la cantidad de detectores que habrán desplegado las patrullas de las hermandades por todas partes? –indicó Nik– ¡Difícil, difícil!

–No sólo eso –continuó Nel–, desde Nohoi nos han sugerido no usar thebots salvo en casos de extrema necesidad. Tenemos pocos y prefiero reservarlos para otras misiones.

Alest intentó encontrar otra posible solución, pero no lo logró. Solicitó a una inteligencia que obtuviera un mapa volumétrico de la zona donde se hallaban las instalaciones objetivo y lo desplegó. Tras estudiarlo durante un rato, le superpuso a dicho mapa otros mapas de los niveles superiores. Nel y Nik habían aprendido a no interrumpirlo y dejarlo trabajar:

–Quizá hayamos tenido suerte –dijo Alest al fin–, aunque no es seguro.

–¿A qué te refieres? –preguntó Nel intrigada.

–¿Veis esta torre que hay varios niveles más arriba? –indicó Alest con el dedo–. Pertenece a una hermandad que conozco.

–A la que le robaste información, querrás decir –aclaró Nik.

Alest ignoró el comentario y continuó:

–Se dedica, entre otras cosas, a las comunicaciones. El tendido de la línea parece prolongarse hacia los niveles inferiores. Es bastante probable que las instalaciones estén haciendo uso de dicho tendido.

–¿De que hermandad se trata? –preguntó Nik.

–Shlu, es una superior.

–¡Espera! Creo que he visto su nombre hace muy poco, entre los datos que hemos obtenido.

Nik se giró y, con la ayuda de varias inteligencias, buscó algún tipo de acuerdo comercial entre la philia Kaeon y la hermandad Shlu. No tardó mucho en encontrarlo.

–¡Aquí esta! –exclamó Nik– Shlu se encarga de las comunicaciones de Kaeon en esa zona.

–La torre estará bastante protegida, será más difícil asaltarla que introducirse en las instalaciones del restaurador –expuso Nel.

–La objetivo no sería la torre, sino esta parte de la línea –planteó Alest, indicando un nivel intermedio–. Parece un distribuidor, si no me equivoco. Está en una zona residencial, por lo que a estas horas no habrá apenas gente. Tampoco creo que tenga excesiva vigilancia y podríamos esconder el vehículo en este rincón. De ahí tan sólo habría que tender un cable hasta el concertador que habrá dentro del distribuidor. Una vez pinchado, podríamos acceder a la red de las instalaciones desde ahí.

Nel reflexionó el planteamiento que acababa de hacer Alest. Después de un momento, tomó una decisión:

–De acuerdo. Nik, tú te encargarás de realizar un análisis de tráfico por si acaso logramos dar con algo en poco tiempo. Mientras, mandaré a Nuun y Kaira con uno de nuestros vehículos a la zona e intentaremos hacer lo que Alest propone.

–¡A trabajar! –respondió Nik.

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