Libros de Ficción

Aerth Muund 1x01: Encuentro, 1a Parte

por JL Iglesias Feria

10

–Hemos llegado –informó Kaira–. Como decías, hay una zona muy discreta donde apartar el vehículo.

–Bien –respondió Nel–. Repasemos de nuevo el plan. Nuun se quedará en el vehículo como apoyo. Tú te introducirás en el distribuidor y pincharás el cable de fibra en el concertador. Alest te guiará hasta él. Una vez conectemos y obtengamos la información, volverás hasta el vehículo y esperarás junto a Nuun. Vamos a probar la conexión con tus gafas.

Kaira se colocó unas gafas de percepción aumentada bastante mejores que las de Alest. Sobreimpreso encima de lo que veía, apareció información y dos círculos: uno con Nel y otro con Alest. En el otro lado había tres pequeños cuadrados con la visión de lo que estaba a sus dos lados y a su espalda.

–Os recibo bien –indicó Kaira.

–Nosotros también –respondió Nel.

Tanto ella como Nik y Alest seguían en la central, conectados en el entorno virtual, aunque este había cambiado de nuevo y ahora tenían ante ellos un gran mural donde aparecía lo que Kaira veía pero sin los círculos con Nel y Alest. Alrededor del mismo, había otros paneles más pequeños con información añadida. La conversación con Kaira y Nuun se hacía de forma mental para evitar hablar y hacer ruido:

–Vale –continuó Nel–, según Alest, el edificio tendrá en sus alrededores audiovisuales conectados a inteligencias de vigilancia, por lo que es posible que necesites usar el camuflaje termóptico. El primer paso será acceder a la azotea del edificio. Nik te está enviando en estos momentos un mapa volumétrico de la zona y en unos segundos aparecerán indicaciones con la dirección que creemos que debes tomar. ¿Has revisado el armamento y el resto del equipo?

–Dos veces cuando venía de camino –dijo Kaira con voz cansada–. ¿Cuántas veces me lo vas a repetir?

–Muy bien –dijo Nel ignorando el comentario insolente de Kaira– ¿Todo correcto, Nuun?

Nuun hizo un sonido que Nel tomó como una afirmación:

–Pues adelante, comenzad la misión.

Kaira llevaba un dispositivo a la espalda del que extrajo un filamento compuesto de varios hilos de fibra reforzada. Conectó el extremo en una de las terminales del vehículo. Nuun abrió la parte posterior del mismo y Kaira se bajó de este, dejando tras de sí un fino cable semitransparente. Miró alrededor y, tras estar segura de que no había nadie, comenzó a seguir las flechas que le indicaban el camino. Tras unos pocos recodos, se paró junto a la barandilla de una terraza y se asomó. Enfrente, unas cuantas plantas más abajo, vio el edificio al que tenía que dirigirse. Los alrededores de la entrada estaban bastante iluminados, al contrario que el resto de la calle. Una valla rodeaba la planta baja del bloque. Las inteligencias de sus gafas actuaron y localizaron los emplazamientos de varios audiovisuales de vigilancia.

–Parece estar bastante protegido –comentó Nel.

–Un simple juego para una chica como yo –respondió Kaira.

–No sé si te has dado cuenta, pero ese anexo junto a la puerta tiene pinta de ser sarcófagos para bibots –indicó Alest–. Puede que tengas compañía si no tienes cuidado.

–¡Ya lo había visto, lumbreras! –exclamó Kaira–. Haz tu trabajo que yo haré el mío.

–Vale, atenta –interrumpió Nel–. El edificio que habíamos escogido para acceder a la azotea no parece una buena opción. Echa una mirada a los alrededores.

Kaira así lo hizo. La información fue transmitida a la central y las inteligencias se encargaron de ampliar el mapa volumétrico con la nueva información. Poco después, tenían varias nuevas posibles rutas. Nel escogió la que mejor le pareció.

–Te acabo de actualizar la ruta. Sigue las flechas y te llevarán a una plataforma desde la que deberás descolgarte hasta la parte superior del edificio que está al lado del objetivo.

Kaira siguió las indicaciones y, tras esquivar algunos obstáculos, llegó hasta la plataforma. Allí miró hacia abajo y calculó la distancia. Parecía demasiada para un simple salto. Sacó una pistola de anclajes de su mochila y remachó un par de ellos en la parte interior de la baranda. Tras guardar la pistola, sacó un dispositivo que se acopló al arnés de su traje, bajo el ombligo. De este extrajo un par de cables que enganchó en los anclajes de la baranda. Poco después, se estaba descolgando por el exterior y, sin hacer ruido, se dejó caer sobre el tejado del edificio. Se desenganchó los cables, les colocó a cada uno un pequeño artilugio y lo activo. Este comenzó a ascender por los cables descomponiéndolos, para no dejar un rastro evidente.

Se desplazó con sumo cuidado, ya que la superficie era irregular y había bastantes impedimentos. Aun así, Alest tuvo que reconocer que lo hacía bastante bien y con una agilidad admirable. Cuando llegó al borde del otro extremo, se asomó con precaución. La azotea del edificio con el distribuidor estaba muy cerca, justo enfrente, a unos pocos metros por debajo del actual. Los edificios estaban muy próximos el uno del otro, apenas había un pasillo de un par de metros entre ambos. Hubiera sido muy fácil saltar hasta él, salvo que su azotea estaba rodeada por una valla bastante alta y posiblemente haría demasiado ruido si saltaba y se agarraba a ella. Miró hacia abajo. Apreció que si se descolgaba hasta el nivel del suelo estaría dentro del recinto vallado. El inconveniente es que no quería hacer ruido con la pistola. Buscó a su alrededor en busca de algo fuerte en lo que enganchar los cables. Tras evaluar unos cuantos sitios, localizó uno que parecía adecuado. Engarzó fuertemente los extremos de un nuevo par de cables al mismo. Se acercó al borde y, una vez colgada en el exterior, se giró con mucha destreza y se colocó boca abajo. Poco a poco comenzó el descenso, lo más pegada a la pared que pudo para ocultarse en las sombras. Antes de llegar abajo del todo, a unos metros del suelo, aun fuera de la zona iluminada, se detuvo. Las inteligencias habían detectado uno de los audiovisuales de vigilancia justo delante.

–¿Kaira, me recibes? –la interrumpió Alest.

–¡Pues claro! –contestó esta– ¿Qué quieres ahora? No estoy en una posición lo que se dice cómoda, ¿sabes?

–Lo sé, pero creo que si lograras conectar un extremo del cable de fibra al cajetín que hay sobre el audiovisual, quizá pueda desactivar la seguridad de todo el recinto.

–Kaira, ¿puedes hacer lo que dice Alest? –preguntó Nel.

Kaira suspiró con resignación:

–Claro, dame un segundo.

La muchacha se recolocó en una posición más horizontal, poniendo los pies sobre la pared. Se estiró todo lo que pudo y comprobó que, aunque justo, llegaba bien hasta la otra pared. Se dejó caer despacio hasta la altura donde estaba el cajetín que le había comentado Alest. Una vez anclada, esperó instrucciones:

–Bien, ¿y ahora qué hago, lumbreras?

–Espera –Alest había mandado a una inteligencia la imagen del cajetín y le había devuelto información sobre el modelo del mismo. No tenía sus gafas, así que no podía acceder a la base de conocimiento que allí tenía almacenada. Decidió mirar a ver si en el compendio de las naghins había datos acerca de ese modelo. Así era–. Te envío un audiovisual con la forma de activar su sistema de mantenimiento.

Kaira siguió las instrucciones y, tras pulsar la secuencia que aparecía en el audiovisual, una parte de la tapa se retiró, dejando un panel al descubierto.

–Vale, ahora pincha el extremo de la fibra en el conector remarcado en rojo –continuó Alest, Kaira lo hizo y se posicionó en una postura más cómoda–. Eso es, ya tengo confirmación desde aquí. Ahora espera.

–Date prisa, no quiero estar aquí colgada lo que resta de noche.

Alest sí que recordaba el trabajo que había realizado en el pasado. Esperaba que el fallo de seguridad que le había permitido acceder a la red de esa hermandad siguiera sin arreglarse. Probó y así era, enseguida estuvo dentro del sistema. Con la ayuda de las inteligencias y las herramientas a las que le había dado acceso Nik, no tuvo problema en localizar rápidamente el subsistema de vigilancia. Envió órdenes a las inteligencias que controlaba los audiovisuales para que entraran en letargo. Luego revisó los sarcófagos y comprobó que, efectivamente, contenían bibots de vigilancia. Pero Alest se sobresaltó al comprobar que uno de ellos se había abierto tan sólo unos segundos antes. Justo en ese momento escuchó a Kaira:

–¡Oh, no! ¿Se puede saber qué has hecho?

Alest miró la pantalla. Allí pudo observar como un vigilante bibot doblaba la esquina y se dirigía en dirección hacia donde se encontraba Kaira, que acababa de activar el termóptico. Tras unos segundos angustiosos, pareció que el bibot no la había visto. Alest volvió a su tarea y comprobó el sistema de agenda de los sarcófagos:

–Tranquila, Kaira. No he sido yo. El sistema está programado para que los bibots realicen rondas alrededor del edificio tras un tiempo aleatorio. Ha sido una coincidencia.

Kaira no respondió. El bibot estaba justo debajo de ella. Se detuvo, se dio la vuelta y, tras detenerse a vigilar en otras direcciones, deshizo el camino. Apenas un minuto después desaparecía de nuevo por la esquina. Alest revisó los sarcófagos y, unos segundos más tarde, el que estaba abierto se cerró una vez el bibot estuvo dentro.

–¿Puedo bajar ya? –preguntó Kaira al tiempo que desactivaba su camuflaje.

–Un momento –contestó Alest, que seguía desactivando inteligencias, desbloqueando puertas y cerrando subsistemas–. Bien, ya puedes desconectar.

Kaira se estiró de nuevo, desenchufó la fibra, cerró la tapa del cajetín y descendió hasta el suelo. Allí volvió a repetir la operación que había realizado un rato antes para deshacerse de los cables con los que se había descolgado. Se acercó hasta la esquina y echó un vistazo por si había alguien en la calle. Estaba desierta, así que se acercó velozmente hasta la puerta de entrada, que se abrió automáticamente al detectar su presencia.

–Va a ser que no eres tan malo después de todo –comentó Kaira.

Se adentró en el edificio, pero la puerta no se cerró del todo a su espalda debido a la presencia del cable de fibra. Aun así, desde lejos, parecería que sí que estaba cerrada, por lo que no levantaría sospechas. Las luces del interior estaban todas encendidas, otro trabajo de Alest. Era un habitáculo algo reducido. Había una puerta al fondo y un hueco en el suelo por el que descendían unas escaleras.

–Imagino que el cacharro ese no está aquí, ¿verdad? –preguntó Kaira. Ahora ya no tenía flechas que le indicara, así que tenía que moverse según las instrucciones de Alest.

–No, debe estar abajo –respondió Alest.

Kaira descendió las escaleras, que eran más largas de lo que pensaban. Un rato más tarde llegó al final y, tras atravesar otra puerta, llegó a un pasillo alargado con varias puertas a los lados y otra al fondo.

–Prueba primero con la del fondo –le sugirió Alest.

–Lo que tú digas –contestó Kaira.

Así lo hizo. Tras abrirse, mostró una amplia sala con bastante aparatos que lo ocupaban casi todo, dejando sólo unos estrechos pasillos entre ellos.

–No es ninguno de esos, pero debe estar cerca –le indicó Alest.

Kaira se desplazó por varios pasillos, pero nada más que se veían los mismos aparatos por todos lados. Al rato, Alest se dio por vencido:

–Vuelve a la entrada, probemos con otra puerta.

Kaira así lo hizo, pero tardó algo más de lo que sería normal porque tuvo que deshacer el camino para poder ir recogiendo la fibra que había dejado tras de sí. Un rato después, salió de nuevo al pasillo alargado:

–Esta vez me toca elegir a mí –dijo Kaira antes de que Alest se decidiera. Se dirigió hacia la puerta de su izquierda y, tras abrirse, mostró un cuarto más pequeño con unos pocos dispositivos en la pared opuesta.

–Buena elección, aquí lo tenemos –le confirmó Alest.

–Vale, muy bien, ¿dónde conecto la fibra?

–La consola de tu derecha, en cualquiera de los conectores que hay a la altura de tu cintura. ¡Esos no!

–Entonces, ¿cuáles? ¿Estos?

–Sí, esos.

–No tardes, lumbreras. Que me aburro –se sentó en un rincón y comenzó a tararear la misma canción que le había escuchado Alest cuando la conoció unas horas antes.

Alest accedió de nuevo a la red y comprobó que todo seguía igual. Desde allí no tardó en obtener las tablas de enrutado de líneas. Puso a varias inteligencias a rastrear hasta que una le confirmó la ruta que iba hasta las instalaciones del restaurador. Se introdujo por ella, pero se encontró con algunas defensas. Ya lo había previsto, por lo que había desplegado varios señuelos. Las inteligencias de protección no tardaron en arrojarse sobre ellos, al tiempo que Alest comprobaba si la red tenía el mismo fallo de seguridad que le había permitido acceder a la red donde se hallaba. No le extraño que así fuera. Logró entrar y desactivar la seguridad. No perdió el tiempo, recopiló toda la información que pudo sobre el lugar, empezando por los registros de actividad. Por último, tras acceder a los audiovisuales de vigilancia interna, tomó varias secuencias para pasárselas a Nel y sus chicas para cuando tuvieran que acceder al edificio más tarde. Una de las inteligencias que había puesto a analizar los datos que estaba recolectando le confirmó poco después que los cuerpos de Niiph y de la otra philia efectivamente se encontraban allí. Le pasó toda la información a Nel:

–Confírmame si es suficiente o necesitas algo más –le preguntó Alest.

–Creo que con esto es más que suficiente, gracias –le contestó Nel–. Has hecho un buen trabajo. Ahora, terminemos.

Alest usó varias de las inteligencias para borrar su rastro y restaurar el sistema tal y como debía estar, salvo que dejó instalada en el sistema una puerta trasera para poder acceder por ella más tarde.

–Bien, Kaira, ya puedes desconectar –le dijo Alest.

–¡Por fin! –confirmó Kaira– Esto de esperar y no hacer nada es un incordio.

Kaira desconectó el extremo de la fibra y deshizo el camino por el pasillo alargado, recogiéndose automáticamente la fibra a su paso. Ascendió las escaleras corriendo, lo que también asombró a Alest, porque eran bastantes escalones. Cuando llegó arriba, respiraba de forma algo agitada, pero mucho menos de lo que sería normal.

–Antes de salir, vas ha tener que conectarte de nuevo –le indicó Alest–. Será sólo un segundo, es para dejar los sistema de seguridad del edificio como deberían estar.

Kaira bufó con fastidio, pero se detuvo. Cogió de nuevo el extremo de la fibra y preguntó:

–¿Dónde lo enchufo esta vez?

–El terminal de tu espalda creo que valdrá, cualquiera de los conectores de la derecha –le aclaró Alest–. Enseguida termino.

Kaira conectó el cable y Alest se puso a trabajar. Le llevó apenas un minuto:

–Ya está, listo. Dentro de una hora volverá todo a la normalidad. Lo único es que la puerta de la verja posee un sistema autónomo, no está conectado a la red, por lo que no he podido desactivarla. Vas a tener que buscar una alternativa.

–Mejor, un poco de ejercicio me vendrá bien –respondió Kaira.

Tras abrirse la puerta, comprobó si había alguien. No lo había, así que salió al exterior. Echó una ojeada a los alrededores del edificio.

–Nel, voy a soltar la fibra para tener más libertad –le avisó Kaira.

–Nuun, ¿puedes intentar recuperarla? –preguntó Nel.

Nuun no dijo nada, pero se puso a ello. Kaira avanzó por el lateral del edificio. Por encima de la zona donde estaban los sarcófagos, había una cornisa bastante amplia. Tras encaramarse sobre los sarcófagos, saltó y se agarró al saliente. Ascendió hasta ponerse de pie encima. Recorrió la cornisa andando a lo largo de ella hasta llegar a la esquina. Allí giró con cuidado y continuó. Poco después, acababa en un hueco que recorría el edificio de arriba a abajo. Tras un enrejado, estaban las escaleras de emergencias. Kaira logró encaramarse a las rejas y ascendió por ellas hasta que llegó a la azotea. Salto la valla que la rodeaba y cayó al otro lado, en la propia azotea. Corrió hasta el otro extremo y volvió a escalar la valla. Cuando estuvo en lo alto, se impulsó con fuerza y dio un salto hasta el edificio por el cual se había descolgado un rato antes. Alest temió que perdiera el equilibrio tras el impacto, pero no fue así. Había calculado bien el sitio de la caída, lo que le permitió rodar, aunque haciendo algo de ruido. Ahora no importaba, todavía no estaban activos los sistemas de vigilancia, así que Kaira recorrió el tejado más rápido de lo que lo había hecho la vez anterior.

–La fibra –dijo de pronto Nuun–, se ha enganchado.

–Está claro que no todo puede salir bien –protestó Kaira–. Ya me encargo.

Kaira revisó el tejado, pero ya no veía por allí la fibra, así que tendría que haberse quedado enrollada en la plataforma superior desde la que había descendido. No podía alcanzarla desde su posición actual. Miró hacia abajo en busca de un lugar por el que descender. De nuevo, gracias a su arnés y los cables, se descolgó hasta otra plataforma que había algo más abajo y se deshizo de ellos como las veces anteriores. Esperó no tenerlo que hacer de nuevo porque apenas le quedaba cable. No hizo falta. Llegar hasta donde estaba el vehículo con Nuun fue sólo cuestión de recorrer algunas calles y subir algunas plantas mediante un elevador. Localizó y recorrió el cable de fibra que salía del vehículo para ver dónde se había quedado pillado. Por suerte, lo estaba tan sólo un par de esquinas más adelante. Lo desenganchó y avisó a Nuun para que terminara de recogerlo. Desandó el camino y se montó en el vehículo.

–Listo, ¿y ahora qué? –preguntó Kaira.

–Buscad un sitio seguro donde esperar –le notificó Nel–. Tenemos que analizar los datos extraídos para planificar un asalto a las instalaciones del restaurador.

–¡Otra vez a esperar! –contestó Kaira– ¡Que aburrimiento!

Se quitó las gafas, las arrojó sobre uno de los asientos y se dejó caer sobre el que estaba al lado:

–Nuun, despiértame cuando nos vuelvan a necesitar.

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