Libros de Ficción

Aerth Muund 1x01: Encuentro, 1a Parte

por JL Iglesias Feria

13

Ghio había estado conectada en su entorno virtual privado haciendo un seguimiento de todo lo que les acontecía a Nel, Kaira y Nuun. En varios paneles había visto lo que había ocurrido hasta que Nel había obtenido el thebot con las muestras. Por un lado, se sentía aliviada de que, a pesar de todo por lo que habían tenido que pasar sus compañeras, habían logrado el objetivo. Por el otro, seguía enfadada. Lamentaba no haber estado con ellas, como habría sido lo normal. No entendía por qué Nel la había apartado de aquel modo. Tampoco comprendía por qué la había mandado proteger a aquel chico, Alest.

Tras conversar con Eri, una de las naghin que coordinaba las diferentes Secciones Especiales, Nel había enviado a Kaira y Nuun ha recopilar información sobre los incidentes. Hasta ahí, todo normal. Luego, Nel había hablado con Nik para que buscara a un tal Lu. No había aclarado si era una petición de las naghins, de Eri o había sido una elección personal de la propia Nel. Nunca le había escuchado hablar sobre él, pero parecía muy segura de que era la persona adecuada. A pesar de todo, era lógico que recurrieran a alguien con sus conocimientos. Ghio intuía que las relaciones entre Nel y la Consejería de Asuntos Especiales de Nohoi no eran del todo buenas, a pesar de la fuerte amistad que parecía haber entre Nel y Eri. Les hubiera costado mucho que les enviaran un nanotecnólogo desde Nohoi y, aunque no fuera así, hubiera tardado más de lo que ellas habían empleado en localizar y traer a Lu. De nuevo, hasta ahí, todo normal. Luego había comenzado la parte extraña.

Cuando llegaron al establecimiento de Lu, Nel le había pedido que fuera a por Alest. Era un requerimiento raro, porque el muchacho ya se dirigía hacia allí. Lo lógico, era esperarlo sin más. En aquel momento no le había dicho nada a Nel, había acatado el mandato. Lu le había indicado donde encontrarlo, así que salió del local y se fue andando a esperarlo a la estación. De camino, Ghio comenzó a darle vueltas al tema y, por un momento, se le pasó por la mente que quizá Nel quería quedarse a solas con Lu para hablar algo con él. Alest tenía razón en una cosa: las naghins tenían sus propias intrigas que no compartían con las humanas, a pesar de la amistad que les uniera, pero en este caso el interlocutor era un humano, no una naghin. Y había otra cosa que la había sorprendido. Lu no había puesto demasiadas pegas en acompañar a Nel cuando se lo propusieron. Ghio había esperado que les costase más convencerlo, pero no fue así.

Al llegar a la estación, esperó a que lo hiciera también el muchacho. No tenía ganas de entablar conversación con un desconocido, dar explicaciones y convencerlo de nada. Como el chico iba a ir de todas formas al local, decidió que lo más fácil era seguirlo e intervenir sólo si ocurría algo. No tardó en aparecer. Puso a una de las inteligencias a controlarlo y lo siguió a distancia. Algo empezó a ir mal cuando Alest se desvió de la ruta lógica. Ghio se había despistado un poco ensimismada en sus pensamientos. A lo mejor, la había visto. La cuestión es que parecía que intentaba deshacerse de ella. Sus temores se confirmaron cuando el chico se volvió y se encaró con ella. Luego había montado todo aquel alboroto para huir. A Ghio le había costado convencer a los thibs de que no estaba loca, como pregonaba Alest. Como sabía al lugar donde se dirigía, no se preocupó por perderlo de vista. Alquiló un ciclo y se dirigió al local. Como había previsto, llegó antes que él y, sin que se diera cuenta, lo observó acercarse al lugar. La segunda sorpresa había llegado cuando el chico no entró directo al establecimiento, sino que comenzó a rodearlo. A posteriori, tenía toda la lógica. Ella no se había explicado, así que el muchacho había desconfiado de que le hubieran tendido una trampa. Lo siguió en su excursión por las terrazas. Cuando lo alcanzó, este se había vuelto con algún tipo de arma cortante en la mano. Ghio quiso desarmarlo y, de paso, vengarse por lo que le había hecho antes, así que intentó inmovilizarlo aunque sin intención de hacerle daño. Lo siguiente que recordaba era estar entre cajas en el almacén, con Nel mirándola estupefacta.

Pero lo más raro había ocurrido al final de la reunión una vez volvieron a la central. Asombrosamente, le había pedido que vigilara al chico, no a Lu como hubiera sido lo más lógico. No es que se hubiese sentido menos disgustada por tener que quedarse en la central custodiando inútilmente al médico, donde no corría ningún riesgo, pero cuando nombró a Alest había perdido la paciencia. Después de la comida, había esperado poder hablar con Nel para que se lo explicara, pero esta tan sólo le había ofrecido evasivas.

Más tarde, se había ido a intentar dormir algo, aunque no logró conciliar el sueño. Así que se había dedicado a matar el tiempo revisando y limpiando su equipo, hasta que un par de horas más tarde había logrado echar una cabezada. Ruidos en el pasillo la habían despertado sobresaltada, pero luego reconoció la risa de Kaira. Le extraño que hubieran avisado a Kaira y a ella no, así que se levantó de la cama y se fue hasta la sala de reuniones. Cuando llegó, Nel estaba dando instrucciones a Kaira y Nuun para una misión y prácticamente la ignoró. Fue hasta el puesto de Nik y vio a Alest conectado al entorno virtual, por lo que se sentó por allí a esperar para poder hablar con Nel. Kaira y Nuun se marcharon y Ghio se acercó a Nel, pero antes de pudiera decirle nada a la naghin, esta le pidió que se conectara para poder planificar el asalto a unas instalaciones. En aquel momento creyó que Nel y ella llevarían a cabo la misión, pero tampoco fue así.

Ghio se desconectó del entorno virtual y se quitó el casco. Cuando se incorporó en su puesto, sólo vio a Nik. Alest no estaba.

–¡Nik!, ¿dónde está Alest?

–Ha ido abajo.

–¡Cómo que ha ido abajo! –gritó Ghio–. ¡Le dije que se quedara aquí!

–Pues si yo fuera tú, me daría prisa en ir a buscarlo –dijo Nik–. A lo mejor se ha largado.

–¡¿Largado?! –gritó Ghio– ¡¿Adónde?!

Como toda respuesta, Nik se encogió de hombros. Ghio no se lo podía creer, estaba estupefacta. Cuando logró reaccionar, se incorporó de un salto y se encaminó hacia el elevador. Había dado tan sólo algunas zancadas cuando se detuvo y se giró:

–¡Ah! Por cierto –le dijo a Nik–, Nel viene hacia aquí con las muestras. Manda a algún bibot a despertar a Lu y Mia para que estén preparados.

Nik pareció no haberla escuchado, cosa que Ghio dudaba:

–¿Me has oído?

–Que sí, que ya está hecho –dijo Nik en tono cansino–. Lo hice hace un rato.

Ghio prefirió no seguir discutiendo. Se dirigió todo lo rápido que pudo hasta el elevador. Este tardó en llegar unos segundos, lo que la puso más nerviosa. Tendría que haber preguntado a Nik cuánto tiempo hacía que Alest se había marchado, pero ahora no merecía la pena volver a consultarle. Entró dentro del elevador, pulsó la planta baja y esperó. Las puertas se cerraron y descendió. Cuando se abrieron de nuevo, salió corriendo hacia la puerta de salida. Para mayor consternación, no estaba bloqueada, ya que se abrió al aproximarse a ella. Salió al exterior, se detuvo y miró en todas direcciones. No había rastro de él. No podía haber ido muy lejos, ya que era una zona de fábricas y, si se había ido andando, tardaría un buen rato en llegar hasta una estación. Si se daba prisa, quizá lo alcanzase. Volvió a correr en la dirección en la que estaba la estación más cercana y llevaba unos cientos de metros cuando se paró en seco. Los nervios no le habían dejado pensar con claridad. Estaba corriendo como una loca cuando había varios ciclos en el garaje. Volvió sobre sus pasos al trote y llegó hasta la entrada. Una vez dentro, giró a la izquierda y fue directa hacia un ciclo similar al que llevaba Nel. Para su sorpresa, junto al mismo, estaba sentado tranquilamente Alest, terminándose de beber una botella de agua.

–¿Qué haces aquí? –le recriminó Ghio.

–¡Yo! –contestó Alest señalándose con el dedo a sí mismo–. Esperándote.

–¡¿Cómo que esperándome?! –contestó Ghio gesticulando exageradamente con los brazos–. ¡Sabes que llevo un rato buscándote! ¡Te dije que te quedaras junto a Nik!

–Le dije a Nik que te avisara, ¿no te lo ha dicho?

Ghio no podía más, sintió como la ira invadía todo su cuerpo. Alest la miraba confuso. Trató de serenarse, Nel llegaría en unos minutos así que debía controlar la situación. Se giró y anduvo algunos pasos, alejándose de Alest. Cerró los ojos y respiró profundo unas cuantas veces.

–¿Te encuentras bien? –preguntó Alest a su espalda.

Esta respiró hondo por última vez, abrió los ojo y se volvió para encararlo:

–Muy bien. Ahora, ¿me puedes explicar qué está pasando?

Alest arrugó el entrecejo, extrañado, pero por último se encogió de hombros y, tras apoyar una mano en el escalón en el que estaba sentado, se puso de pie. Luego se dirigió hacia Ghio:

–Vale, de acuerdo –dijo Alest–. Después de que Nel se marchara, me pidieras que te acompañara y que me conectara al entorno virtual, estuve pensando sobre el asesinato de Niiph, la philia, ya sabes.

–Sí, sí –lo apremió Ghio.

–Para fingir su muerte, le habían destrozado la parte de la nuca, donde va la entina. Sin duda, para destruirla y que nadie pudiera relacionarla con alguna actividad clandestina que ahora creemos que está vinculada con la locura del resto de philias.

–Todo eso ya me lo ha contado Nel –lo interrumpió Ghio–, no sé a dónde quieres llegar.

–Pues a que quizá me equivocara –indicó Alest–. No en todo, sólo en la parte de la herida en nuca.

Ghio lo miró confusa.

–Lo lógico es lo que pensamos –prosiguió Alest–, que lo habían hecho para eliminar el rastro. Pero, ¿que hubiera pasado si alguien hubiese encontrado el cuerpo de la philia antes de que lo encontraran los que avisaron a la philia? Alguien que lo viera como la oportunidad de conseguir mucho dinero. Puede que incluso viera a los verdaderos asesinos llevar a cabo el montaje, o puede que no quisiera entretenerse demasiado. La cuestión es que la entina sería una buena opción. Imagina la cantidad de información que puedes obtener de una entina y el valor que tendría si además es de una philia.

–¿Estás planteando que alguien se la arrancó para venderla? –preguntó Ghio.

–Con un material así no puedes ir a cualquier reciclador –continuó Alest–, hay muy pocos que se arriesgarían sabiendo que es de una philia. Además, nadie se atrevería a pasar un control con algo así encima, por lo que era muy improbable que hubiese salido del sector. Eso reducía aun más posibilidades. Se lo comenté a Nik, y le pregunté si había alguna forma de conectarnos al sistema de Lu. En sus bancos de datos están los contactos de muchos recicladores, la mayoría clandestinos. Nik sabía que Nel no quería que nos conectásemos fuera del sistema, pero si yo estaba en lo cierto podríamos obtener una información muy valiosa.

–En resumen, que os conectasteis.

–Hemos tenido mucho cuidado, no somos unos novatos –se defendió Alest con las manos en alto–. De todas formas, Nik me comentó que antes o después habría que hacerlo porque Lu le había comentado a Nel que necesitaría algunas cosas. En fin, que accedimos a los bancos y lanzamos una búsqueda de posibles candidatos. Obtuvimos una lista de tan sólo tres. De hecho, uno de ellos lo descarté por motivos que ahora no importan, por lo que nos quedaron dos. Estos recicladores tienen formas discretas de informar a gente como Lu de que tienen material que les puede interesar. Suelo encargarme yo de revisarlo e informar a Lu de lo que encuentro. Cuando accedí a ese sistema, filtré directamente por los dos recicladores que habíamos obtenido.

–Y encontraste lo que buscabas.

–¡Exacto! –confirmó Alest– Uno de ellos insinuaba que tenía un material de ese tipo.

–¿Insinuaba? –preguntó desconfiada Ghio– ¿No tienes la seguridad?

–Confía en mí –respondió Alest–, sé lo que te digo. Ese reciclador en muy probable que tenga la entina.

–Siempre que tu hipótesis sea cierta –puntualizó Ghio.

–No creo que perdamos nada en comprobarlo. Nik piensa lo mismo.

Ghio cerró los ojos y se lo pensó unos instantes.

–Lo que me estás pidiendo es que vayamos a ver al reciclador –dedujo Ghio.

–Le dije a Nik que te lo explicara mientras yo te esperaba aquí.

–¿Y por qué no me lo contaste directamente?

–Temía que no me escucharas. Pensaba que si te lo explicaba Nik habría más probabilidades de que aceptaras. –reconoció Alest–. Un rato más tarde, te vi salir corriendo del elevador.

–¡Creía que te habías marchado! –le explicó Ghio– Nik no me contó nada, tan sólo me dio a entender eso. Además, ¿por qué no me llamaste cuando me viste salir corriendo?

–¡No me dio tiempo! –se defendió de nuevo Alest– Cuando quise avisarte ya habías salido por la puerta.

–Vale, da igual –zanjó Ghio–. ¿Hay alguna forma de confirmar lo de la entina? ¿Sí o no?

–Desde aquí, no. El reciclador no aceptará peticiones que no vengan por los cauces habituales. Sospecharía si desde aquí contactáramos con él.

–¿Me estás pidiendo que te lleve hasta el local de Lu? ¡Está casi al otro lado de la ciudad estado!

–No hace falta –contestó Alest–. Tengo un contacto en el sector donde se encuentra el reciclador. Es un traficante de datos que también trabaja con esa clase de tipos. Aunque suele trabajar para la competencia de Lu, como una vez lo ayudé a salir de un buen apuro, cuando hay algo interesante contacta conmigo antes. El tipo es un poco raro, pero confío en él. Sólo tendríamos que ir hasta allí y conectar con el reciclador para asegurarnos. Si no lo es, volvemos y listo. Pero, si lo es, nos acercamos en un momento y nos traemos la entina.

Ghio seguía dudando qué hacer:

–Nel viene de camino –indicó Ghio–. Han conseguido las muestras y las trae para que Lu las analice. Lo mejor será explicárselo y ver que opina.

–¡No nos dejará ir! –discrepó Alest– Mandará a Lu analizar las muestras, por lo que él tampoco podrá ir. Perderemos el tiempo explicándoselo para que al final, en todo caso, envíe a Nuun y Kaira. El reciclador no trataría con ellas de ninguna de las formas y tampoco sé si Nel les permitiría arrebatársela de forma violenta. Además, alguien se nos podría adelantar. ¡Tenemos que actuar rápido, ya hemos perdido bastante tiempo mientras hablamos!

Por otro lado, Ghio aun estaba molesta con Nel. Y no tenía ganas de seguir sentada mientras las demás actuaban.

–De acuerdo, lo haremos –aceptó Ghio. Alest sonrió. Ante esto, Ghio se adelantó y levantó el dedo índice de forma amenazadora–. Pero sólo si haces lo que yo te diga en todo momento. ¡Sin discutir y sin numeritos!

Alest afirmó con la cabeza, se giró y se dirigió hacia el ciclo.

–¡No, ese no! –lo corrigió Ghio–. Si llega Nel y no lo ve, sospechará. Ven por aquí.

Ghio atravesó a paso ligero el estacionamiento hasta el otro extremo. Tras un vehículo que tenía pinta de llevar algún tiempo sin usarse, había otro ciclo con aspecto más antiguo y lleno de polvo.

–Espera aquí –le indicó Ghio, que entró dentro de un cuarto cercano y salió con un par de cascos, algunas armas y un trapo. Pasó este último por encima de los asientos para limpiarlos un poco y lo arrojó a un lado. Guardó las armas en el ciclo, le pasó un casco a Alest y ella se colocó el otro. Se montó a horcajadas sobre el ciclo, extrajo algunos cables del casco, los enchufó al ciclo y activó la secuencia de encendido. Para alivio de Alest, se inició sin problemas:

–Monta detrás y agárrate fuerte en esta zona del revestimiento.

Alest así lo hizo, aunque se sintió algo incómodo yendo detrás, tan pegado a Ghio. Esta aceleró y giró de forma bastante brusca. Alest no estaba acostumbrado a montar en ciclos, pero estaba claro que Ghio sí. No salieron por la entrada principal. Ghio no quería encontrarse con Nel, así que usó una salida auxiliar. Eso significó más giros, acelerones y frenazos en zonas estrechas. Alest comenzaba a plantearse si había sido buena idea todo aquello cuando Ghio salió al exterior y aceleró mucho el ciclo.

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