Libros de Ficción

Aerth Muund 1x01: Encuentro, 1a Parte

por JL Iglesias Feria

18

–Ya te lo he dicho –insistió Nel–, era amiga de Niiph.

La muchacha la miró colérica, con el rostro lleno de lágrimas. Una asistenta que parecía acompañar a la chica, intentó separarla de Nel:

–Déjelo, por favor, no moleste a los asistentes.

Pero la joven thib seguía reticente a marcharse:

–¡No, que me lo diga, quiero saberlo! –insistió, señalándola con el dedo– ¡Es su culpa, la de ella y las que son como ella! ¡Ellas la mataron!

Nel había comenzado a comprender con quien la había confundido pero no entendía por qué la estaba tomando con ella. Necesitaba salir de aquella situación de alguna forma si no quería verse en problemas. Había dado un par de pasos atrás para intentar esquivar a la chica y marcharse cuando alguien más llegó:

–¿Qué está pasando aquí? –dijo en recién llegado– ¿Qué es este escándalo?

Nel lo reconoció, era uno de los phileos, uno de los dirigentes de Kaeon. Este se acercó hasta donde se encontraban y le habló a la asistenta:

–Por favor, llévesela de aquí –dijo el phileo. La chica agachó la cabeza avergonzada y la asistenta se la llevó hacia otra parte. El phileo se dirigió entonces hacia Nel–. Por favor, ¿le importaría explicarme que es lo que ha ocurrido?

–Por supuesto que no –respondió Nel–. De hecho, si pudiéramos ir hasta un lugar más discreto se lo explicaré todo.

–Eso espero –contestó el phileo–. Por aquí, por favor.

Nel comenzó a caminar en la dirección que le había indicado con la mano el thib. El resto seguían mirándola cuando el phileo la acompañó para salir de la sala. Cuando estuvieron de nuevo en la antesala, el phileo le indicó una puerta y, tras atravesar un ancho pasillo, entraron en un despacho.

–Y bien –dijo el phileo una vez se hubo cerrado la puerta.

–Creo que esto le puede explicar algunas cosas –dijo Nel, al tiempo que se quitaba las gafas y le mostraba sus ojos naranjas.

–¡Oh! Entiendo –dijo el phileo visiblemente incómodo–. Espero que sepa perdonar mi brusquedad y la de esa chiquilla. Creo que la ha confundido con alguna de las peculiares amistades que frecuentaba Niiph. La situación nos tiene un poco nerviosos a todos.

–No se preocupe –aceptó Nel, volviéndose a poner las gafas–. En realidad he venido porque estamos investigando la muerte de Niiph. Creemos que también podría estar relacionada con el resto de muertes.

El phileo bajó la vista, se giró apartándose un poco de Nel y se agarró las manos en la espalda:

–Las suyas nos han informado de que están investigando, pero aun no hemos obtenido ninguna respuesta –dijo el phileo.

–No es un caso sencillo –se defendió Nel–. Debemos ser muy cuidadosas para no cometer ningún error. Las consecuencias serían graves para todos.

–También vinieron varias de sus compañeras y se llevaron a algunas de nuestras philias sin dar demasiadas explicaciones –siguió quejándose el phileo.

–Simple precaución –respondió Nel–. Les hemos estado haciendo un reconocimiento médico completo y las hemos aislado por unas horas por precaución. También es por su propia seguridad, la de ellas y la de ustedes. Volverán pronto, tengan un poco de paciencia.

–Lo entiendo, lo entiendo. Perdone mi impertinencia –contestó el phileo, aunque Nel quiso apreciar cierto rencor en su mirada.

–Ahora, si me disculpa, debo irme –solicitó Nel.

–Por supuesto, llamaré a alguien para que la acompañe hasta la salida.

–No se moleste, seguro que están todos muy ocupados. Iré yo misma.

–Como desee.

El phileo la acompañó hasta la antesala, donde se despidió de ella. Nel se montó en un elevador distinto al que había usado para subir, ya que ahora estaba ocupado con la llegada de más asistentes al ágape. Una vez dentro, pulsó sobre la planta donde se encontraba la entrada principal. Pero una vez bajó hasta dicha planta, no se dirigió a ella, sino que tomó otro pasillo guiada por las indicaciones que le había remitido Nuun en su mapa volumétrico del edificio.

–Nik, ¿cómo le ha ido a Kaira? –preguntó Nel en cuanto conectó de nuevo con él.

–Bien, está yendo a tu encuentro por la ruta que te indico –respondió al tiempo que una de las rutas se destacó en otro color–. Por suerte, apenas había seguridad en la entrada por la que accedió el vehículo del reciclador.

–¿Podría salir ella por el mismo lugar con el thebot? Si no hubiera detectores, estoy pensando en pasárselo y salir yo por la entrada principal.

–¡Sin problemas! –contestó Nik–. Por un momento creí que el phileo te acompañaría personalmente a la entrada principal. Me hubiera gustado verle la cara cuando hubieran saltado los detectores.

–Ya se me hubiera ocurrido algo –contestó Nel.

–Nel, ¿dónde estás? –el círculo con Kaira apareció.

–Te lo marco en el mapa –un punto apareció en el mismo.

–De acuerdo, ya lo veo –confirmó Kaira–. No puedo avanzar más. El pasillo que tengo que atravesar es estrecho y algunos guardias están bloqueándolo.

–No te preocupes, en ese caso voy yo para allá. Espérame y avísame si se marchan –le indicó Nel.

Nel siguió avanzando por los pasillos según la ruta marcada. Cogió un par de elevadores que la llevaron a niveles diferentes hasta salir a una zona ajardinada con una inmensa bóveda acristalada en lo alto. Recorrió uno de los pasillos entre las plantas. A los únicos que se encontró a esas horas paseando por allí fueron varios bibots que se encargaban del cuidado de las mismas. Cuando llegó al final e iba a acceder a una pasarela que la llevaría hasta la zona de elevadores, vio a varios guardias al fondo. Giró disimuladamente y se dirigió de vuelta a los jardines.

–Kaira, ¿has logrado avanzar? –le preguntó tras establecer contacto con ella.

–Aun no, ¿por qué? –respondió esta.

–Yo también me he encontrado guardias en los elevadores que van desde donde me encuentro hasta tú posición.

–Hay otros elevadores en la zona opuesta de los jardines, Nel –intervino Nik–. Quizá allí no te encuentres guardias.

–Lo comprobaré.

Nel atravesó los jardines, lo que le llevó algún tiempo, y buscó los elevadores que comentaba Nik. Cuando dio con ellos, apreció que también había algunos guardias cerca, aunque no le bloqueaban el paso. Si lograba acercarse sin que la vieran, podría acceder a ellos, aunque lo veía muy difícil. Estudió la situación, pero no lograba ver una forma segura de esquivarlos.

–Nik, voy a retroceder –dijo Nel.

–¡No, espera! –exclamó Nik– Hay otra forma. Busca una especie de caseta en el jardín que hay a tu espalda.

Nel se giró y se acercó al borde del camino. Enfrente, tras una pared de arbustos, se elevaban varios árboles.

–¿Dentro del jardín?

–Sí, dentro.

Buscó un hueco entre los arbustos para entrar, asegurándose de que ni siquiera los bibots la veían entrar. Una vez en el interior, apartó algunas ramas y avanzó por el irregular y blando suelo. Por fin, detrás del follaje de una arboleda, creyó encontrar a lo que se refería Nik. Cuando llegó hasta él, vio que había una puerta en un lateral, pero no se abrió cuando se acercó a ella. Sí lo hizo cuando pulsó sobre el panel de control. Frente a ella, aparecieron unas escaleras que descendían.

–¿Estás seguro de que es por aquí? –le preguntó Nel a Nik.

–Sí –confirmó este–. Las escaleras dan a una zona de mantenimiento. Si las bajas hasta el final, descenderás varias plantas hasta un pasillo auxiliar. De allí te será fácil acceder de nuevo a los elevadores.

Nel entró en la caseta y bajó los escalones. Le hubiera gustado hacerlo más rápido, pero el traje y el calzado que llevaba no le permitían hacerlo. Estaba deseando volver a la central y quitárselo todo. Cuando llegó al final, tal y como había dicho Nik, se encontró ante un largo pasillo. Al fondo había una puerta que desembocaba en otro más amplio:

–Cuando llegues a la siguiente esquina, gira a la derecha –le indicó Nik–. Llegarás a una zona más amplia y de frente estarán los elevadores.

Por suerte, esta vez no había guardias, así que cogió un elevador para descender hasta el nivel en el que se encontraba Kaira. Estaba dentro del mismo cuando la muchacha contactó con ella:

–Nel, los guardias se han apartado la suficiente para que pudiera pasar –le informó–. Estoy de camino.

–Perfecto –contestó ella–. Nik, búscame tú o Nuun una ruta alternativa para volver hasta la entrada principal.

–Lo hago yo –contestó Nuun.

–¿No te ha gustado el paseo por el bosquecillo? –bromeó Nik.

–Prefiero algo más urbano –respondió Nel.

El elevador llegó a su destino y las puertas se abrieron. Nel pudo apreciar que allí había mucho ajetreo de bibots y labots. Por lo que observaba en el mapa volumétrico, era la parte del edificio que daba a las zonas de carga de mercancías. Cuando Nel salió, a su izquierda, había un par de guardias. Por suerte, no miraban en su dirección, por lo que giró a la derecha y caminó entre los bibots en la dirección donde debía encontrarse con Kaira. Algo más adelante, tomo un pasillo lateral que la llevó hasta un almacén bastante espacioso. Nel avanzó por unas pasarelas al tiempo que intentaba localizar a Kaira. Ya no podía estar lejos:

–¿Dónde te encuentras? –le preguntó Nel.

–En una pasarela, acercándome a tu posición.

Nel usó el amplificador de imagen de sus gafas y una de sus inteligencias se encargó de hacer un rastreo en busca de Kaira. Tras un rato, logró localizarla en una pasarela que había en la pared opuesta del almacén. Atravesó otra que comunicaba ambas sobre una zona de contenedores y llegó hasta ella.

–Me alegro de verte –le dijo Kaira–. ¿Y nuestro querido amiguito?

–En mi pelo –contestó Nel–. Espera, te lo paso.

Nel activó al thebot y le mandó volver al compartimento que había traído Kaira consigo. Una vez dentro, Kaira se lo guardó en un bolsillo de su traje.

–Avísame en cuanto estés fuera –dijo Nel–. No me esperéis, ir directas a la central para que lo pueda analizar Lu. Yo volveré a la entrada principal a por el ciclo.

–Nel, lo siento –se disculpó Kaira–. Todo ha sido culpa mía.

–Olvídalo, era una buena idea –contestó Nel–. A todos nos sale mal algún plan de vez en cuando.

–Gracias –respondió Kaira con una sonrisa.

–Además –continuó Nel, sonriendo también–, ¡me encanta pasearme con este traje!

–Estás muy guapa –intervino Nik.

–¡Cállate!

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