Libros de Ficción

Aerth Muund 1x01: Encuentro, 1a Parte

por JL Iglesias Feria

20

Ghio también hizo el camino de vuelta conduciendo su ciclo de forma manual, aunque mucho más suave, cosa que Alest agradeció. Quería pensar que lo hacía por él, pero era más probable que fuera porque a esas horas había más tráfico y ella estaba más cansada. Tras el incidente en las instalaciones de reciclado de cuerpos, habían decidido marcharse del lugar lo antes posible para evitar encontrarse con las fuerzas de seguridad de la hermandad que controlaba el lugar y que, con toda probabilidad, en esos momentos se estarían dirigiendo hacia allí. Ya les pedirían explicaciones a las thibs que habían quedado allí heridas, cosa que no les preocupaba a ninguno de los dos. Ghio no había hablado desde que iniciaran el camino de regreso y Alest había decidido respetar ese silencio. El agotamiento también le estaba atrapando a él, así que, de vuelta a la central, cuando la luz del amanecer se colaba por las partes del cielo que permitían entrever las inmensas e intrincadas construcciones de la ciudad estado, dejó vagar su mente y no pensar en nada. Lo que más le apetecía era darse una ducha, acostarse y descansar. Pero sabía que eso iba a tener que esperar, porque antes deberían dar explicaciones a Nel y tenían mucho que contar.

No temía la reprimenda, estaba acostumbrado a aguantar las de Lu. Incluso tenía claro que aceptaría el castigo que la naghin le impusiera por incumplir una de las condiciones que le había impuesto. Tampoco se arrepentía de lo que había hecho. Gracias a su actuación y la ayuda de Ghio, que ahora le caía mucho mejor, habían logrado obtener elementos muy valiosos para la investigación.

De todas formas, lo que sí le extrañaba era que no se habían puesto en contacto con ellos en ningún momento, aun cuando Ghio le había comentado que Nel estaba a punto de volver a la central cuando ellos se marcharon. Tampoco la propia Ghio se había puesto en contacto con ninguna de sus compañeras o con Nik en ningún momento. No sabía como evaluar aquello, así que tampoco le dio muchas vueltas al tema.

Cuando llegaron al edificio de la Sección Especial, Ghio no se molestó en entrar por el acceso auxiliar que habían usado para fugarse. Ahora no tenía sentido ocultar nada, así que entraron por la entrada principal. Se fijó en que el ciclo de Nel y el vehículo que habían usado Nuun y Kaira estaban en el aparcamiento. Ghio aparcó el ciclo cerca del sitio de donde lo había cogido y, cuando Alest ya se había bajado y quitado el casco y ella había hecho lo mismo, esta le habló con un tono de voz sosegado:

–Déjame que hable yo con Nel. Estará enfadada, pero sabe escuchar.

–¡Soy toda oídos! –dijo una voz a sus espaldas que, como reconocieron ambos al instante, era la de Nel. Estaba plantada a unos metros, cruzada de brazos y con una expresión seria en su cara. La mirada penetrante de aquellos ojos color fuego le recordó a Alest tiempos pasados. Se sintió intimidado y bajó la vista.

Ghio recogió de un compartimento del ciclo una pequeña caja cuadrada y se la tendió a Nel. Esta lo miró con curiosidad:

–¿Qué es? –dijo al tiempo que la recogía.

–La entina de Niiph –contestó Ghio–. También tenemos un nombre: hermandad Sbaran. Es la que podría estar implicada en la locura de las philias. Probablemente, la dueña del local clandestino.

Nel se quedó por un momento desconcertada, pero volvió a fruncir el ceño:

–¿Y se puede saber por qué no me has contado nada hasta ahora? –dijo la naghin–. Cuando he llegado hace un rato, ha tenido que ser por uno de los típicos comentarios de Nik que me he enterado de que no estabais aquí. No me ha querido dar más explicaciones, tan sólo que, por la posición de vuestro ciclo, veníais de vuelta. ¿Me lo puedes explicar?

Alest se sintió culpable y no le pareció justo que Ghio cargara con toda la responsabilidad:

–Nel, en realidad yo soy el culpable –intervino Alest.

–¡Alest, no...! –comenzó a interrumpirlo Ghio, pero Alest le hizo un gesto para que le dejara hablar y esta lo aceptó de mala gana.

Alest le contó a Nel todo lo que había ocurrido. Desde las deducciones que había hecho repasando de nuevo la supuesta muerte de Niiph hasta la lucha que habían tenido que entablar con las dos thibs. Nel lo escuchó en silencio, sin cambiar de expresión, y no lo interrumpió en ningún momento.

–Fui yo el que la convencí para que no te dijera nada –continuó Alest–. Pensé que no había tiempo para discusiones ya que, como así ha sido, no quedaba mucho tiempo si queríamos hacernos con la entina.

Alest dejó de hablar, pero Nel se quedó en silencio. Luego, tras echarle otra ojeada a la caja, los miró a ambos.

–Ghio, tenías indicaciones claras de no abandonar el edificio –dijo Nel al fin– y de no dejar que Alest lo hiciera.

–Lo sé –contestó esta– y, a pesar de lo que ha dicho Alest, la decisión de marcharnos y no decirte nada fue mía.

–Por otro lado, reconozco que si me lo hubierais dicho no os habría dejado marchar –prosiguió Nel, mirando también a Alest–. Eso, con seguridad, hubiera provocado que hubiera sido más difícil conseguir la entina. Quizá imposible, ya que podría haber sido manipulada y la posible información que contiene se podría haber perdido.

Ni Alest ni Ghio dijeron nada.

–En fin, es tarde, estáis cansados y ha sido una noche larga y complicada para todos –afirmó Nel–. Creo que lo mejor es que le lleve esto a Lu y, una vez hayáis descansado los dos, sigamos hablando. Pero antes, quiero que Mia os eche un vistazo a ambos.

Tampoco esta vez Ghio o Alest contestaron, pero ninguno de los dos tenía ganas de pasar un reconocimiento médico. Nel se giró y se dirigió hacia el elevador. Ambos la siguieron en silencio. Cuando estaban ascendiendo, Ghio se percató de un comentario que había hecho Nel:

–Has dicho que has llegado hace poco o no te he entendido bien –dijo Ghio–. Habíais conseguido las muestras y las traías a la central.

Ahora fue Nel la que, camino al laboratorio donde estaba Lu, le tocó resumir lo que les había ocurrido a ellas. Cuando pasaron por delante del puesto de Nik, este ya no estaba. También llevaba muchas horas trabajando y se habría ido a descansar, pero Ghio sabía que no encontrarse de nuevo con Nel habría sido un aliciente para no estar por allí.

Cuando entraron al laboratorio, Nel le entregó la entina a Lu. La cara de desconcierto fue muy similar a la que la naghin había puesto un rato antes:

–Es la entina de Niiph. La han conseguido nuestros chicos –le explicó Nel–. Al parecer, es una historia con muchos detalles, así que luego te contaré. Eso me lleva a pedirte un favor. Si no te importa, me gustaría quitarte a Mia por un rato para que les hiciera una revisión a ambos.

La enfermera, que como siempre había intentado pasar desapercibida, se acercó con expresión de preocupación y preguntó:

–¿Están heridos?

–No, al parecer no –la tranquilizó Nel–. Aunque han tenido un altercado con un par de thibs que también querían el implante de la philia. Me quedaría más tranquila si les pudieras hacer un reconocieron médico.

–¡Por supuesto! –respondió Mia– Si fueran tan amables de seguirme a la enfermería, tan sólo serán unos minutos.

Alest y Ghio siguieron a la muchacha, que por el camino quiso saber más detalles sobre el incidente para saber qué tipo de pruebas debía realizarles. En cuanto se quedaron a solas, Nel aprovechó para conversar con Lu:

–Entonces, has confirmado el hallazgo.

–Sí –afirmó el médico–. Estaba en los restos de sudor. No hay duda de que se tratan de las mismas macromoléculas.

–Aunque todavía no las has podido decodificar.

–No.

–Y en las autopsias del resto de philias no se han encontrado las mismas macromoléculas.

–No.

–Lo que quiere decir que alguien debió activar el dispositivo momentos antes de que le sobreviniera la locura.

–Sin duda –confirmó Lu–. Pero imagino que los moleculares que se usan para activar el dispositivo no serán nada fáciles de conseguir.

Nel se lo quedó mirando con cara de preocupación por un momento, ya que conocía las implicaciones tan serias de lo que estaba planteando Lu.

–Aun no he hablado con Eri u otra naghin del Consejo, pero quizá se llevase a cabo alguna actividad aquella noche de la que no estoy enterada.

–¿Sobre una thib que nadie había informado de ella? –dudó Lu–. Si Alest no se hubiera dado cuenta, no la habríamos incluido entre las afectadas. Nel, aquí hay algo muy extraño.

–Me estás sugiriendo que no informe de nada.

–Al menos hasta que analicemos esa entina y veamos qué podemos obtener de ella.

Nel se quedó mirando de nuevo el frasco que ahora reposaba sobre una de las mesas del laboratorio. A continuación le relató a Lu la historia que le había contado Alest sobre cómo la habían conseguido.

–Sé que se han arriesgado mucho, Nel –dijo Lu–. Pero gracias a ello ahora tenemos quizá la única oportunidad de saber qué está pasando.

–No estoy segura de querer saberlo –reconoció Nel–. Esa entina podría desencadenar la peor crisis que hayamos vivido en nuestra historia. En Nohoi están todas muy nerviosas.

–Pero lo vamos a hacer –indicó Lu–. Vamos a sondear la entina.

–Por supuesto –confirmó Nel, mirando de nuevo a Lu a los ojos–. Tú y yo ya tuvimos que asumir nuestra responsabilidad después de lo que nos atrevimos a hacer.

–De lo cual sigo sin arrepentirme.

–Yo tampoco –coincidió Nel–. Siempre ha habido diferencias entre las naghins, pero esto podría superarlo todo. Podría dividirnos. Por no hablar de las consecuencias que podría tener entre los thibs si se enteran.

–Por eso es tan importante que averigüemos lo que está pasando aquí lo antes posible –confirmó Lu–. Por ahora sólo te puedo decir que coincido con el informe remitido por el Consejo de Investigación Judicial de Nohoi, en base a los análisis llevados a cabo por la Comisión de Investigación Tecnológica, que asegura que la locura no ha podido ser provocada por un fallo en la programación del dispositivo.

Nel volvió a quedarse en silencio, meditando mientras se daba un paseo por el laboratorio y Lu recogía el tubo con la entina.

–Me pondré con esto de inmediato –dijo Lu, aunque sin mirar a Nel–. Aunque voy a necesitar a Alest para que me ayude a realizar la inmersión.

–Parece que está aumentando rápidamente sus capacidades –contestó Nel, que en ese momento curioseaba algunos instrumentales–. Ni siquiera podemos intuir aun cual es todo su potencial. Aunque no parece que él sospeche nada.

–No, no lo creo.

–Mejor así –dijo Nel dando unos golpecitos con la uña a uno de los frascos–, mejor así.



FIN DE LA PRIMERA PARTE

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