Libros de Ficción

Aerth Muund 1x01: Encuentro, 1a Parte

por JL Iglesias Feria

Prólogo

Aquello, definitivamente, no era normal. Lo único que Isi tenía claro era que así no la habían despertado nunca antes. Intentó abrir los ojos, pero todo estaba muy borroso. Sintió nauseas y los volvió a cerrar. Un pitido agudo inundaba sus oídos. El cuerpo no parecía responderle. Estaba tendida sobre alguna superficie fría, lisa y dura: el suelo, probablemente. Ni siquiera trató de incorporarse. Decidió quedarse quieta y esperar a que la situación mejorase de alguna forma por sí sola. Poco después, probó a abrir de nuevo sus ojos aunque con idéntico resultado.

Pasado un tiempo que no logró determinar, comenzó a sentir un ligero hormigueo a lo largo de todo su cuerpo. Logró mover algunos dedos. Empezó a percibir sonidos amortiguados. Esperó unos cuantos segundos más y trató de levantarse otra vez. Lo único que consiguió fue ponerse boca arriba al tiempo que un intenso dolor le recorría todo su cuerpo. Quiso gritar, sin embargo, de su garganta sólo brotó un gemido lastimero. Esperó otro rato para reunir fuerzas de nuevo y, con un gran esfuerzo, se colocó de lado. Tanteó con la mano y logró dar con lo que debía ser la pared, pero era bastante irregular. Se impulsó sobre sus brazos y, muy lentamente, se fue incorporando hasta quedar sentada con el costado apoyado de alguna forma contra el supuesto tabique.

Permaneció en aquella posición unos instantes y volvió a abrir los ojos. Esta vez logró mantenerlos abiertos, aunque todo seguía muy confuso. Parpadeó despacio varias veces. Trató de pensar. Lo más probable era que su proceso de criogenización hubiera sido interrumpido de forma brusca. Los nichos estaban colocados en vertical contra la pared. El suyo debió abrirse de forma abrupta por alguna razón y su cuerpo, aun en crioestasis, se habría desplomado sobre el suelo. Miró alrededor tratando de localizar su nicho. Tardó un momento en darse cuenta de que estaba apoyada contra la puerta abierta del mismo. Se giró para observar el resto de receptáculos pero todos parecían aun cerrados. Creyó distinguir a algunas chicas en su interior, pero era difícil saberlo desde su posición. La única luz de la habitación provenía del interior de los propios nichos, incluido el suyo.

En aquel instante, alguien entró de forma precipitada en la habitación. No logró reconocerlo. Parecía muy nervioso. No reparó en ella. La figura se quedó un momento como paralizado, mirando la puerta mientras se cerraba. Comenzó a recular poco a poco hasta que chocó contra una mesa y, al girarse, golpeó algunos objetos que cayeron al suelo con bastante estruendo. Volteó bruscamente la cabeza de nuevo en dirección a la puerta y se quedó muy quieto durante un largo rato. Ahora que Isi estaba más despierta, consiguió escuchar mucho ruido en el exterior. Sonaba como si se estuviera desarrollando algún tipo de lucha. El individuo reaccionó de pronto y empezó a recorrer el habitáculo en busca de algo. Abrió varios compartimentos y cogió de forma atropellada algunas cosas que se guardó en los bolsillos.

Tras un rato, ante su sorpresa, se dirigió directamente hasta donde ella seguía tendida. Cuando el individuo se agachó para agarrarla, la luz del nicho le iluminó la cara y reconoció en ella el rostro de Bor. Estaba tratando de levantarla. Intentó preguntarle acerca de lo que pasaba, aunque no logró articular ningún sonido coherente. Él le dijo algo al oído que tampoco logró entender del todo pero parecía apremiarla a que se incorporase y se diera prisa. Isi seguía muy débil y, a pesar de que Bor la aguantaba con fuerza, con dificultad alcanzó a tenerse en pie. Se agarró a él con todas las fuerzas de las que disponía y comenzó a dar algunos pasos torpes en dirección la entrada.

La puerta se abrió de forma automática para dejarles pasar. Bor llevaba el otro brazo en alto, sosteniendo algo. Isi tardó un momento en darse cuenta de que era un arma. Ambos salieron a un largo pasillo que se extendía ante ellos y que tampoco poseía demasiada iluminación. Los ruidos de combate eran ahora más claros, y parecían provenir de alguna de las habitaciones laterales. Bor trató de que Isi aumentara el paso al tiempo que apuntaba con su arma hacia las distintas entradas que había a ambos lados. De improviso, una de las puertas más cercanas a su izquierda se abrió y un cuerpo fue arrojado contra la pared opuesta del pasillo, cayendo desmadejado justo delante de donde se encontraban. No había mucha luz, pero Isi consiguió ver que era uno de los guardias y que tenía diversos cortes. Un charco de sangre se estaba formando rápidamente bajo el cuerpo del mismo. Isi iba a gritar cuando algo le tapó la boca con contundencia. Era la mano de Bor que, tras dejar caer el arma al suelo, había conseguido que guardara silencio. Estaba claro que en la habitación desde la que había sido precipitado el guardia se estaba produciendo algún tipo de pelea. Llegaban gritos y sonidos de disparos. Bor esperó a que la puerta se cerrada de nuevo y continuó avanzando lo más rápido que pudo, casi arrastrando a Isi. No le era fácil recoger el arma cargando con ella al mismo tiempo, así que Bor no tuvo más remedio que abandonar el artefacto y esperar que no le hiciera falta. Esquivaron el cuerpo del guardia caído. Isi no recordaba haberlo visto antes, pero los implantes thib que llevaba dejaban claro que pertenecía al cuerpo de seguridad.

Apenas habían dado unos pasos más cuando la misma puerta volvió a abrirse a sus espaldas. Bor se volvió asustado, haciendo girar a Isi de forma brusca. Por la puerta salió reculando uno de los suboficiales de seguridad. Gritaba instrucciones al tiempo que seguía disparando contra algo. Le acompañaba otro guardia y uno de los médicos. A ese médico sí lo conocía Isi, aunque la expresión de pánico en su rostro no se la había visto nunca. Algo se abalanzó sobre el suboficial tirándolo al suelo del pasillo con furia. El guardia golpeó al atacante varias veces con algún objeto contundente. El agresor cayó desplomado al suelo en la dirección en la que se encontraban Bor e Isi. Esta pudo apreciar con sorpresa que lo que yacía bastante deteriorado a sus pies era uno de los bibots ayudantes. A Isi siempre le había dado escalofríos aquellos seres. Sabía que eran sólo máquinas, pero se asemejaban tanto a las personas que le producían inquietud. Verlo ahora fuera de control era como una pesadilla hecha realidad. El médico se quedó mirando al bibot caído mientras el guardia se agachaba a asistir al suboficial, que parecía malherido. En ese momento, algo saltó sobre el médico, le agarró la cabeza y se la estampó con fuerza contra la pared de enfrente. El guardia se giró hacia el nuevo atacante y se arrojó contra él, entablando un combate cuerpo a cuerpo con otro bibot.

–¡Vamos, debemos salir de aquí lo antes posible! –apremió Bor a Isi, al tiempo que la empujaba hacia el final del pasillo.

–¿Qué... qué está pasando? –logró articular por fin Isi con una voz que no parecía la suya.

–Luego te lo explico. Ahora debemos llegar hasta la planta superior.

Lograron girar una esquina, atravesar otra puerta y avanzar a trompicones a lo largo de un pasillo estrecho. De pronto, Bor se detuvo en seco. Había escuchado algo más adelante. Buscó rápidamente una de las puertas laterales y, tras manipular su sistema de apertura, arrastró a Isi hacia el interior de una pequeña habitación. Una vez dentro, Bor pulsó la secuencia de cerrado y bloqueó la puerta. La única luz que había en el habitáculo entraba desde el pasillo por una lámina transparente que había en la propia puerta. Bor dejó a Isi apoyada con cuidado sobre la pared y echó un vistazo con inquietud al pasillo a través de dicha lámina.

–Pero... ¿qué es lo que...? –comenzó a preguntar Isi en voz baja.

Bor la mandó callar con gestos sin apartar la vista del pasillo. Pasados unos segundos, este debió ver algo que hizo que se agachara repentinamente tras la puerta. Un instante más tarde, un grupo de gente pasó corriendo por el pasillo. Cuando Bor creyó que ya había pasado el peligro, volvió a levantarse y a mirar por el cristal. El pasillo parecía ahora despejado. Se giró hacia Isi:

–¿Qué tal te encuentras?, ¿te ves capaz de andar por ti misma?

–Creo... creo que sí –contestó Isi, llevándose una mano a la cabeza–. Aunque aun me siento un poco mareada.

Bor desbloqueó la puerta y la abrió. Echó un ojeada rápida al pasillo y se aseguró de que no venía nadie. Cogió a Isi por el brazo y le indicó con señas que lo siguiera. Avanzaron hasta el final del pasillo. Isi no conocía aquella parte del recinto. Nunca había estado allí. De hecho, hacía mucho tiempo que no salía de las zonas que les tenían designadas a ella y a las otras chicas. Y sólo lo hacían cuando tenían que realizar algún trabajo. El resto del tiempo lo pasaban en criogenización, salvo cuando les hacían las revisiones médicas. Los ruidos de la batalla fueron quedando atrás y, al poco tiempo, desembocaron en un rellano donde había unas escaleras y hacía más frío.

–Debemos ir hasta el piso superior –dijo Bor a Isi–. Saldremos del edificio por una de las puertas traseras.

–No sé si tendré fuerzas, Bor. Además, ¿por qué no esperamos a que venga Mith o Sloo?

Bor la miró un instante como meditando la respuesta:

–Es mejor huir, créeme. Este sitio está condenado. ¿Quieres que te ayude a subir?

Isi estaba desconcertada, no sabía que pensar, pero tenía claro que algo muy grave había ocurrido. Quizá hubieran recibido el ataque de alguna otra hermandad competidora. O quizá, simplemente, los bibots se habían vuelto locos. Fuera lo que fuese, la situación parecía peligrosa. Bor tenía razón, era mejor no quedarse allí. Comenzó a subir poco a poco los escalones. Bor tuvo paciencia con ella y la fue ayudando, descansando de vez en cuando pero apremiándola a continuar. Él era asistente de uno de los médicos y siempre había sido amable con ella. Tras unos cuentos tramos de escalera, Bor la ayudó a sentarse:

–Espera aquí, enseguida vuelvo.

–¡¿Adónde vas?! –preguntó Isi algo alarmada.

–No te preocupes –intentó tranquilizarla Bor–. Tan sólo voy a ver si no hay problemas fuera.

Bor abrió con cautela una puerta que, como Isi pudo apreciar, daba al exterior del edificio. Después, salió tras echar una cautelosa mirada fuera y la puerta se cerró tras él. Todo quedó en silencio. Ya no se escuchaban ruidos de lucha. Ahora podía pensar y había comprendido una cosa. Fue Bor el que la había despertado y, aunque sabía cómo hacerlo de forma correcta, no hubo tiempo para ello, así que había pulsado alguna secuencia de emergencia. También cayó en la cuenta de que el resto de chicas seguramente seguirían allí. Ese pensamiento la llenó de angustia. Intentó tranquilizarse pensando que quizá no les pasase nada malo. Lo que no entendía era por qué Bor la había despertado a ella y la había arrastrado en su huida. Por una parte, comprendía que no podría marcharse con todas ellas, pero a la hora de elegir a alguna de ellas, por alguna razón, la había escogido a ella. En ese instante, la puerta que daba al exterior se abrió de nuevo, rompiendo el silencio y sus cavilaciones, asustándola. Se tranquilizó al ver que era Bor:

–Todo está bien, vamos.

Isi se levantó con dificultad y salió fuera junto a él. Hacía mucho que no estaba fuera. Tanto como llevaba trabajando en aquel lugar y eso era mucho tiempo. Estaba oscuro, era de noche y sólo había algunos focos que iluminaban tenuemente el pasaje que había entre el edificio y el muro exterior. Al poco, Isi vio un cuerpo tendido en el suelo, parecía el de un guardia. Decidió no preguntar a Bor y continuar caminando. Poco después se detuvieron frente a otra puerta. Bor recogió algún tipo de paquete que había junto a la misma y, tras activar dicha puerta, salieron ambos a un callejón estrecho y oscuro.

Desde lo alto de uno de los edificios colindantes, una figura había estado observando toda la escena. Una sonrisa delataba su satisfacción por cómo se había desarrollado los acontecimientos. Era el momento de informar. "Activar sistema de comunicación" pensó, y en una zona periférica de su campo de visión apareció un menú de opciones. Se concentró en su destinatario. "Conexión de máxima seguridad" volvió a pensar, y al otro lado de su campo de visión apareció un amplio círculo en cuyo interior se encontraba su interlocutor. No tuvo que emitir ningún sonido para llevar a cabo la conversación, sólo usar su mente:

–Todo ha salido tal y como estaba planeado –informó.

–Muy bien –respondió el interlocutor–. Pasa a la siguiente etapa.

Con otro pensamiento, cortó la comunicación. Los menús desaparecieron de su visión. Se llevó la mano a la parte posterior del cuello y se desprendió un dispositivo que tenía conectado a su cerebro. Pulsó una secuencia sobre el mismo y lo arrojó al vacío. El dispositivo comenzó a descomponerse antes incluso de que tocara el suelo. Caminó hasta el borde del edificio, mirando hacia los niveles superiores. Pensó en lo patético que eran los thibs. En que, a pesar de toda la tecnología con la que intentan aumentar sus capacidades, no dejaban de ser humanos. En lo podrida que estaba toda su ciudad estado y lo mucho que deseaba que desapareciera junto a todos los malditos habitantes. Miró desde el borde del edificio hacia abajo. Llevaba mucho tiempo esperando a deshacerse de ese cuerpo, el del thib al que había asaltado y quemado su triste cerebro y al que había convertido en una marioneta para llevar a cabo sus propósitos. En algún lado se cortó una conexión y el cuerpo sin vida del thib cayo al vacío. En su brazo, llevaba tatuado una marca similar a la que llevaban todos los que habían muerto esa noche dentro del edificio.

volver arriba

Licencia Creative Commons

"Libros de Ficción" y "Aerth Muund" por JL Iglesias Feria se encuentra
bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported.